Pavo guisado “pa” no aburrirse

Creo que ya dije un día que en casa de mis abuelos, todos los domingos, se comía pavo en salsa. Puede parecer cansino y llegar hasta el hartazgo comer siempre lo mismo pero lejos de ser algo monótono era el día esperado. También confluyen otros factores, se reunía la familia, nos reuníamos todos los primos y eso hacía de ese día un día especial.  Y es que, Esperancita, la cocinera de mi abuela hacía el pavo como nadie, jugoso y tierno y con un sabor indescriptible. Cierro los ojos y allí me parece verla en el fogón, pelirroja y pecosa ella, con el delantal de cuadritos blancos y negros afanándose en hacernos el mejor pavo del mundo. Y cocinar para 19 no es fácil, hay que coger las medidas y disponer de cacharros lo suficientemente grandes como para hacer un pavo entero y en casa de mis abuelos había una cacerola, de aluminio con las asas cerámicas en verde en el que cabía un pavo y si era necesario Esperancita metía un cordero.  

Yo, que desde siempre he sido cocinillas, me paro a pensar en los pocos ingredientes que llevaba aquel pavo y lo riquísimo que le salía. Y es que lo más importante, decía mi madre, es poner amor en las cosas; el cariño, al igual que una sonrisa tras el teléfono, se trasmite directamente a lo cocinado y llega al paladar de los comensales y creo yo que ese era el secreto de Esperancita.

Pues prepárate que hoy vamos a preparar un “pavo de domingo” como decíamos nosotros, así que ve tomando lápiz y papel para tomar nota de la receta. ¡Ojú! Que pesaito estás con el bolígrafo…. ¡lápiz coile!

Vamos allá, lo principal como podrás suponer es haber comprado pavo y tenerlo dispuesto para guisarlo, en caso contrario ve pensando en hacer otra cosa porque pavo, lo que se dice pavo, no vas a cocinar. Supongamos, y es mucho suponer, que ayer precisamente habías comprado un pavo y lo tenías ya dispuesto en la nevera  para prepararlo hoy. ¿Que no habías comprado pavo? ¡En qué mundo vivimos! Pues ya vas a tener que pase la cuarentena para hacerlo. Yo pienso hacerlo hoy porque hace un par de días tuve la feliz idea de comprar medio pavo en previsión de que hoy se me antojara hacerlo. Así que si se te ha antojado hoy comer pavo tendrás que hacer como hizo Herodes y esperar a que termine nuestro arresto domiciliario. ¡Qué guay, pavo en familia, como en Navidad! Tu no que no lo compraste. Seguirás en familia, pero sin pavo.

Estos son los ingredientes, a saber:

  1. Pavo. Indispensable. Ya sé que no tienes ¡Ah! Te Herodes 
  2. Castañas. ¿Tampoco tienes? ¡Qué falta de previsión! Pues cuando las compres procura que ya vengan peladas, de esas secas que llaman pilongas. No, no vale hacer el pavo con el marrón glasé que te sobro de Navidad.
  3. Cebolla, ni mucha ni poco, lo normal para medio pavo y te recuerdo que un pavo es una hartá (con “h” aspirada) de grande. Así que si le pones dos cebollas gordas mejor que mejor.
  4. Unos dientes de ajo ¿Cuántos? Jolines, todo lo tienes que preguntar. Pon cinco o seis dientes (de ajo claro)
  5. Dos zanahorias gordas, en su defecto cuatro medianas y si aun así no las tienes puedes ponerle ocho pequeñas, pero zanahorias al gin y al cabo. ¿Gin? Por Dios en qué estaría yo pensando.
  6. Vino blanco, el que quieras pero por lo menos un litro. 
  7. Aceite de oliva.
  8. Pimienta en grano, unas hojas de laurel y sal.
  9. Ya está

Lo primero que vamos a hacer es coger las castañas pilongas y dejarlas un día a ser posible metidas en agua para que se hidraten y se ablanden. Este paso es imprescindible para que después puedas comértelas y no te dejes un piño y me culpes de no haberte avisado.

Supongo y espero que sepas deshuesar un pavo ¿Que no lo has hecho nunca? A ver, coge un cuchillo pequeño que corte bien, lo que llaman una puntilla y con él sigue el hueso hasta dejarlo escamondado de carne y así poco a poco, con paciencia, tiempo tienes, lo vas limpiando. ¿De acuerdo? Pues eso.

Ahora vamos a preparar  el sofrito, dejando dorar los ajos y la cebolla cortada en juliana. Ya lo expliqué una vez, si quieres saber lo que es juliana lo buscas en la Wikipedia o, como ya dije, te pones un tutorial de algún panchito que seguro que te lo explica mejor que yo. Por cierto, hay que ver lo aficionados que son los panchitos (sin desprecio alguno) de colgar tutoriales de todo, es increíble. Cómo colocar una bombilla, cómo maquillarse, cómo robar un perro, cómo criar un dragón….y así mil y un tutoriales para convertirnos en expertos gilipollas.

Pues como iba diciendo, lo primero el sofrito, después pelaremos y trocearemos en daditos las zanahorias y las añadiremos al sofrito junto con la pimienta en grano y el laurel (solo las hojas, no el árbol entero).

Supongo que habrás cogido una cacerola grande ¿no? Porque de no ser así no sé dónde vas a meter tanto pavo. 

Aparta  el sofrito y resérvalo y en ese mismo aceite pon a dorar el pavo, sellándolo ligeramente. Una vez que lo veas empezando a dorarse le añades el sofrito y las castañas y lo rehogas un poco antes de incorporar el vino, y si fuera necesario, porque te vayas quedando sin jugo, añades un poco de agua y la sal. Tenlo a fuego lento que se vaya haciendo a su amor, sin prisas. ¿Qué prisas tienes?  ¿Tienes que ir a algún sitio? ¿Aún no te has enterado que no se puede salir de casa? Pues eso, a su amor, lentamente. Lo importante es conseguir una salsita espesa, dorada y sabrosa de un color oscurito. ¡Dios, asísteme! ¡Qué cosa más rica!

Espera a que termine de hacerse ¿Cuánto tiempo? El que se necesite, solo con verlo te vas a dar cuenta si está hecho o no. Una vez terminado puedes optar por dos cosas, pasar todo por el chino y hacer una salsa homogénea (sin las castañas) o dejarlo todo tal y como está y encontrarnos los trocitos en la salsita. Ya esa es tu elección y no soy nadie para decir lo que tienes que hacer.

Cuando lo hagas piensa en Esperancita que seguro que, desde el cielo, te va a echar una mano. Cuando lo comas piensa en mí e invítame a comerlo contigo.




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