Ochíos

La Nochebuena, la Navidad, siempre me trae recuerdos de familia. Recuerdos de cuando era niño y mis padres me llevaban a ver a mis tíos al pueblo donde él pasó muchos veranos de su niñez. Aún recuerdo el patio de aquella casa tan grande todo empedrado de chinos de río y el membrillo al fondo con sus dorados frutos cubiertos de esa tenue pelusilla cual bozo de adolescente. Me viene a la memoria la parra de uvas negras y dulces como pasas que tenía mi bisabuelo Nicomedes junto a la cuadra. Recuerdo la cocina, grande, espaciosa, con la gran losa de mármol donde amasar el pan, porque en casa de mis bisabuelos se amasaba el pan día sí, día no, ese pan que nunca se ponía duro. Recuerdo a mi tía abuela Lola amasando el dulce más tradicional de su pueblo, los ochíos. Aquel aroma que desprendían cuando estaban en el horno nunca se me olvidará, permanecerá siempre en mi memoria.

¿Y por qué no?, me he dicho. Hoy vamos a hacer ochíos.

Para  hacer los ochíos primero necesitaremos tener la voluntad de hacerlos y segundo, paciencia.

Son muy fáciles de hacer pero también muy fáciles de estropearlos si no prestamos atención.

Así que ve apuntando lo que tienes que comprar en la tiendecita de al lado de casa, puede que no haya de todo pero siempre te podrás pasar por la “Casa de las Especias” para aprovisionarte. 

Necesitaremos:

  1. Medio kilo de harina, ya sabes, de Las Panaeras Sevillanas. De verdad que es fácil encontrarla. Ya empezamos con las pegas, jolines es que si no quieres hacer ochíos dilo y haremos otra cosa, ¡contra!, pero no te pongas a usar otra harina que al final no te saldrán bien y me dirás que la culpa es mía.
  2. La mitad de azúcar que de harina o lo que es lo mismo un cuarto kilo de azúcar blanca. Lo que vienen siendo 250 gramos.
  3. Sabéis mi especial predilección por los aceites de oliva de las comarcas de Osuna y Estepa, pues bien puedes comprar 1881 u Oleoestepa, los dos son francamente excepcionales. Pues bien, si ya lo tienes, vierte un poco en un vaso de agua, como hasta la mitad o un poco más. Ya lo sé, dependerá del tamaño del vaso de agua. En caso de ser grande echa menos, como unos 150 ml.
  4. Un buen puñado de ajonjolí, como unos 50 gramos.
  5. Otro buen puñado de anís en grano, como otros 50 gramos.
  6. Un poquito de sal. Tampoco te pases, es un dulce, así que sería conveniente que no estuviera salado.
  7. Como la misma cantidad de agua templada que de aceite, te recuerdo, medio vaso o 150 ml.
  8. Una copita de anís, como unos 40 ml.

Perfecto, ¿ya lo tienes todo?  Vale, te espero a que termines de calentar el agua al microondas. ¿Ya?, Vale, pues comenzamos.

Antes que nada lávate bien las manos y prepara una superficie en condiciones donde amasar y límpiala también, no seas cochino.

En un perol de los de verdad, de los negros con puntitos blancos, pon el aceite y comienza a calentarlo a fuego lento, no queremos que se queme, solo calentarlo, y sobre él vierte, con cuidado de no quemarte, el ajonjolí y los granos de anís removiendo (con una cuchara de madera mejor que con la mano) para evitar que se quemen, queremos que el aceite coja los aceites esenciales de las semillas, no freírlas como croquetas y así obtendremos un aceite aromatizado de anís y ajonjolí a la par que inundaremos la casa de un riquísimo aroma.

Una vez que tengamos las semillas doraditas dejaremos que el aceite se enfríe y añadiremos el azúcar, removeremos (ahora sí podrás hacerlo con la mano. Podrás y deberás) e incorporamos  también la harina con cuidado de que no se formen grumos e iremos mezclando con todo el cariño que siempre precisa la cocina. Te darás cuenta que la masa se va poniendo dura, no es que haya incorporado sidenafilo a la masa, solo que es que se pone así. Tendremos que ir añadiendo el agua templada poco a poco. ¿A cuántos grados la calientas? ¡Yo que sé!, templadita, lo justo para no quemarte mientras amasas. No se te olvide añadir la sal, a mí se me ha olvidado pero he corregido a tiempo añadiéndola ahora. Una cosa que puedes hacer es diluir la sal en el agua y así no te pasa como a mí. 

Sigue amasando con energía, como si de pan se tratara. ¿Qué no has amasado pan nunca? Jolines pues ya es hora de que lo hagas. Otro día explicaré como hacer un buen pan de pasas y nueces. Cuando hayas obtenido una masa homogénea déjala descansar mientras vas preparando el horno, la masa estará rendida de la paliza que le has dado y tú también si no estás acostumbrado a amasar pan. 

Ve calentando el horno a unos 180 ºC  siempre es mejor que la masa se encuentre el horno calentito, que hace mucho frío estos días y a buen seguro que te lo agradecerá. En la bandeja de horno deberás poner papel de hornear o papel parafinado para evitar que una vez que pongas allí nuestros ochíos éstos se adhieran a la bandeja y se nos estropee el invento.

Ahora, con la delicadeza que te caracteriza vas cogiendo porciones de masa y vas haciendo bolas aproximadamente del tamaño de una ciruela grande. ¡Yo qué sé cuánto pesa una ciruela grande! ¿Qué no lo habías preguntado? Disculpa, creía que te lo estabas preguntando. De acuerdo, también me valen bolas del tamaño de pelotas de tenis, por eso no te preocupes. Pues bien, después de hablar de bolas sigamos con la receta. Esas porciones debes ir estirándolas sobre el mármol hasta… ¿que tu encimera no es de mármol? Jolines qué de problemas me pones, bueno pues las estiras sobre el granito ¿tampoco? Ojú qué problema… ¿silestone tal vez? Uff, menos mal, pues eso, las estiras sobre la encimera sea del material que sea hasta obtener unos churros aproximadamente de unos 20 cm de largo y un dedo gordo de grosor. Sé que depende del grosor de dedo de cada persona pero imagínate que cuando uso guantes de vinilo me los tengo que comprar de la talla 10, o sea que mi mano parece más bien un muestrario de salchichas frankfurts. Iba a decir otra cosa pero me parecía una grosería hacer alusión a Almendralejo, que como es sabido tiene los mejores chorizos sin pellejo.

Pues bien, a ese churro del tamaño adecuado le hacemos una pequeña hendidura a todo lo largo y lo doblamos sobre sí mismo hasta obtener una forma de gota o lágrima, como aparece en la fotografía. Solo nos queda ir depositándolos en la bandeja del horno y esperar aproximadamente 150 padrenuestros hasta que se hayan horneado del todo. Si eres lento rezando padrenuestros te recomiendo que los tengas entonces 30 minutos pero serás menos pío y tardarás 30 minutos más en entrar en el Reino de los Cielos.

Trascurrido este tiempo sacamos nuestros ochíos  y los dejamos enfriar pues se comen de esa guisa y notarás todo el sabor de la comarca de Osuna en tu boca. ¡Cuidado! Son duros, no vaya a ser que te dejes un piño al probarlos y luego me lo hagas pagar a mí.

¿Te has acordado de echar la copita de anís a la masa? ¿Sí? Pues muy mal hecho, la copita de anís era para que te la bebieras entre padrenuestro y padrenuestro, no para incorporarla a la receta. Anda que… Ya te vale.

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