Memoria urbana del paladar (VII)
Abacerías, ultramarinos y coloniales de la Sevilla de años 50

En la Sevilla de la década de los 50 eran muy numerosas las tiendas de ultramarinos y coloniales, las de comestibles y las abacerías. Estas últimas eran pequeños establecimientos de barrio donde se vendían legumbres, aceites, bacalao en salazón, sardinas arenques y poco más. Eran tiendas que hacían honor a su nombre que viene del árabe sahb-azzad que no quiere decir otra cosa que “el de los víveres”.

Las de comestibles repartidas por todos los barrios eran a veces colmados, o lo que es lo mismo, servían a parroquianos bebidas acompañadas de los embutidos y quesos que vendían. De estas tiendas de comestibles o colmados aún existen la de Román Castro Medina, en la Plaza de los Venerables Sacerdotes 1, donde desde 1934 Román despachaba comestibles a las mujeres del barrio de Sta Cruz y vinos acompañados de tapas del buen jamón que le hizo famoso y de los otros productos que vendía. Y la de Placido Sánchez Muñoz, en Ximénez de Enciso, 16, “Casa Plácido”, también conocida como “Las Teresas”, donde su propietario charlaba cada día en animada tertulia con amigos del barrio mientras tomaban sus vinos y tapas del buen queso que la casa tenía. En “Casa Plácido” en los años 60 empezaron a servir tapas de “huevas aliñás” y “montaitos” de lomo. Una cosa muy peculiar de esta Casa era que se podía jugar a los dados. Los establecimientos de Román y de Plácido siguen abiertos y en su sitio, pero convertidos en restaurantes de tapeo con cartas larguísimas y pretenciosas para guiris en calzonas y finolis autóctonos de diseño.

Las tiendas de ultramarinos y coloniales eran otra cosa. Las mejores estaban en el centro de la ciudad, desde Tetuán a la Encarnación. En Tetuán estaba “Mantequerias Leonesas”, en Sierpes “Mantequerias Arias”, en Cerrajería “Los Tres Leones” con sus carteles en rima anunciando las bondades de chorizos y morcones. En la Plaza del Pan “La Casa de las Galletas”, en Lineros “Marciano”, en Laraña “El Grano de Anís” y en O´Donell “La Flor de la Sierra”, abierta en el S.XIX por José Luis Moreno Márquez y luego regentada por su yerno Otilio Martín Muñiz.

 

 

Todas estas tiendas de ultramarinos y colmados, además de tener un género de primera, estaban decoradas de una forma que hoy sería muy costoso recuperar motivo que a los actuales imitadores del asunto les lleva a decorar sus negocios con lámparas de IKEA, paredes de ladrillo visto, mostradores de madera de palets y estanterías de cajones para fruta. Está claro que el buen paladar no solo se adquiere desde el estómago sino también leyendo, viajando, consultando archivos fotográficos, dándose un paseíto de vez en cuando por las tiendas de anticuarios y preguntando al que sabe.

Pero bueno, como lo de los abaceros y taberneros de nuevo cuño que han surgido en la ciudad, convertidos en restauradores –qué chusca resulta esta palabra cuando se aplica al asunto de comer– como por arte de magia y con mucho malaje ya no tiene remedio, voy a seguir con el paseo y desde O´Donell me voy a llegar a la Plaza de Churruca 10, donde creo que sigue cerrado el local del antiguo colmado “La Fragata”, de Juan García Ramos, establecimiento que tal vez sea el último que ha estado abierto y bien conservado hasta el 2000. “La Fragata” cerró al jubilarse su dueño y cerrado sigue con su estupendo azulejo publicitario del ¨Veterano” de Osborne milagrosamente entero en su fachada.

 

 

Muy próximo a “La Fragata”, en la calle Castellar casi esquina a la de Espíritu Santo, hubo otro colmado antiguo que conocí en mis años escolares en el colegio de las Salesianas de Castellar y al que iba a comprar chicharrones a finales de los años 60 cuando compartí un estudio de grabado y pintura con Rolando Campos en la azotea del caserón de Castellar 48. La zona de Churruca, Castellar, San Marcos, San Luis, hasta Relator y de allí hasta el mercado de la calle Feria era una zona de abacerías y pequeños ultramarinos como el de Lorenzo Zorrilla en Relator, 44, aquel que a principios de la década de 2000 se hizo conocido cuando avisé de que estaban derribando la casa, con la tienda abierta y el nieto de Lorenzo despachando. Los derribos de las postrimerías del boom inmobiliario en Sevilla eran así y los de los de los 60 asao. De estos últimos hablaré otro día, después de darme un garbeo por Triana.

 

Imágenes de 1955 de El Grano de Anís y La Casa de Las Galletas

 

Memoria urbana del paladar (I)

Memoria urbana del paladar (II)

Memoria urbana del paladar (III)

Memoria urbana del paladar (IV). Caracoles

Memoria urbana del paladar (V)

Memoria urbana del paladar (VI)

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