Memoria urbana del paladar (III)

Memoria urbana del paladar (I)

Memoria urbana del paladar (II)

Siguiendo con el recorrido por la Sevilla de los años 50 y 60 del siglo pasado vamos a salir de paseo, una tarde cualquiera, desde el Prado de San Sebastián hacia el centro por la calle de San Fernando, hasta a la Avenida para merendar en la Horchatería Fillol donde mis padres solían quedar con un grupo de amigos entre los que siempre estaban Filomena y Carlos, un matrimonio alemán, que aunque tenían su casa en Madrid pasaban largas temporadas en Sevilla.

Mientras los mayores tomaban sus cafés y copas los niños dábamos buena cuenta de horchatas, batidos o leche merengada, y de algún que otro pastel. No se nos prohibía nada más que ser mal educados. De lo que en aquellas reuniones se hablaba yo no me perdía ripio y así me iba enterando de lo que se cocía en la ciudad.

El local de Fillol estaba decorado con frescos de Juan Miguel Sánchez Fernández que representaban escenas valencianas y al fondo había una especie de trampantojo de barracas que daban entrada a los aseos. Juan Miguel Sánchez no solo realizó estos frescos, sino toda la decoración del local con la empresa “Decoración Sánchez-Gómez” creada por él y Manuel Gómez Moreno.

 

Interior de la Horchatería Fillol

 

A veces, al final de la tarde, estas reuniones se terminaban en Casa Morales cenando pescado frito de la pescadería- freiduría que había junto a Morales, un pequeño y bonito local que en nada se parece al actual después de que haya pasado por él la ráfaga de mal gusto que no cesa, con una ampliación para convertirla en restaurante, ampliación que al parecer no ha evitado su clausura.

Como hemos terminado la cena en Morales con los papelones de pescado frito, acompañado de sus roscos y rábanos, vamos a seguir por la Avenida en una tarde de cine en el Coliseo España y tras ver la película tomaremos un aperitivo en el Bar Coliseo, local de la cadena Catunambú -donde tomé mi primera Tónica Schweppes y mi primer Bitter Kas – que también estaba decorado con frescos de Juan Miguel Sánchez.

El Cine Coliseo España estaba decorado con frescos del pintor Francisco Hohenleiter, gaditano y contemporáneo de Juan Miguel, y con azulejos del pintor de cerámica, Enrique Orcé. Todo el interior del Coliseo fue destruido a mediados de los años 70. Los murales de Hohenleiter y los azulejos de Orce fueron milagrosamente rescatados y llevan, la friolera de cuarenta y cuatro años, en el sótano de la facultad de Bellas Artes los primeros y en el de la antigua Escuela de Ingenieros de la Avda. de Reina Mercedes los segundos; cosas de la modernidad mal entendida y de la falta de paladar que se ha ido extendiendo por la ciudad desde 1963 hasta la época actual en la comenzamos a sufrir los efectos de los pactos verdes que prometen una sociedad neutra, sin libertad y sin memoria, con niños, pocos, a los que se destetará con sopas de alpiste y pasta de algarrobas, sin sal, con lo que auguro unas nuevas generaciones afectadas, no solo por bocio sino además anémicas perdidas.

 

 

La verdad es que a mí, niña de los 50, destetada con sopas de ajo y criada con guisos contundentes, pescado fresco, buenos filetes de ternera con papas fritas y huevos, gazpachos, caracoles con salsa para mojar pan del que traían a Sevilla los panaderos de Alcalá y todas las tapas de los bares a los que nos llevaban, esto del alpiste me suena a chino. Antes de que el Pacto Verde nos alcance seguiré mi recorrido por la Sevilla que ya no existe, de momento lo dejo aquí hasta el próximo paseo.




 

Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *