Espinacas de cuarentena

Parece que nos va a tocar vivir una Cuaresma un tanto extraña, una Cuaresma que para más de uno, desgraciadamente, se va a convertir en una cuarentena. Estaba pensando en platos típicamente cuaresmales y me vienen tantos a la cabeza que me he decidido por el más sencillo y el más típicamente sevillano como son las espinacas. No me preguntéis por qué, espinacas y punto. Las espinacas, como el gazpacho, se preparan de tantas formas como hogares hay en Sevilla y yo, como no puedo ser menos las preparo como me las enseñó mi chacha Nieves.

Así que ve cogiendo lápiz y papel y empieza a apuntar lo que tienes que comprar en el súper. ¿Lo tienes? No, bolígrafo no, he dicho lápiz y papel. ¡Por Dios yo no sé para quién hablo! Ese del IKEA vale, no te preocupes, y aprovéchalo porque IKEA los ha retirado, ya están hartos de que le manguemos los lápices. ¡Mira como nadie se lleva los metros! Pero los lápices son otra cosa. Venga, vamos, toma nota

  1. Lo principal, espinacas. También puedes comprar acelgas pero no es lo mismo y además recuerda que las acelgas traen muchos troncos  y luego hay que guardarlos para el conejo de la Loles y se te van a quedar en . Puedes comprar espinacas naturales, en manojo, congeladas en porciones o en bote ya cocidas, en este caso te recomiendo las de Ybarra, no sé si serán las mejores pero a mí me gustan más.
  2. Garbanzos, ya sabes o bien compras un bote de garbanzos cocidos (Luengo) o los pones en remojo y los cueces tú. Recuerda que en cuarentena vas a tener tiempo de sobra.
  3. Judías blancas.  En este caso directamente te recomiendo las que ya vienen cocidas.
  4. Taquitos de jamón de los que ya vienen preparados, total para un desavío valen.
  5. Seis tarros de judías verdes cocidas, de las planas preferentemente. ¿Judías en unas espinacas? Si, judías. ¡Jolines sigue mi receta! ¿No?
  6. Latas de melva en aceite de oliva, una marca muy buena  es Tejero aunque las de USISA también pueden valer. ¿Cuántas? Eso lo dejo a tu elección, a mí me gusta mucho la melva.
  7. Tomate frito, aquí lo dejo a tu elección pero yo voy a comprar el tomate frito casero del Mercadona.
  8. Algo de pasta, espaguetis o macarrones. Tampoco te quedes corto. Indiscutiblemente Gallo o Barilla. Las demás no valen para nada.
  9. Pan, cominos, cilantro y pimienta en cantidad suficiente para darle ese sabor inconfundible a las espinacas. Si no quieres comerte el tarro puedes comprar las que se llaman especias reunidas o especias para caracoles. Nos van a servir igual.
  10. Vinagre y aceite de oliva. Si son de buena calidad mejor y si no lo son la próxima vez te estiras y compras uno más bueno que vaya birria de aceite que usas.
  11. Pimentón, ajo y sal. El pimentón ya te digo, si es de la Vera mejor que mejor y si no lo es te aguantas tío/a rata.
  12. Vino tinto según tus necesidades que luego me decís que a todo le pongo vino.
  13. Un huevo duro por cada dos personas. Si vais a ser dos, solo uno; si sois cuatro, dos; si sois seis, tres y así sucesivamente. Procura no ser un número impar porque entonces te sobrará medio huevo duro y no sabrás que hacer con él.

Supongo que ya lo has apuntado ¿verdad? Pues venga, baja a comprarlo y no tardes que me aburro esperando.

Jolines, sí que has sido rápido. ¿Lo tienes todo? ¿No se te ha olvidado nada? Vale te voy a creer. Ponlo todo sobre la mesa de la cocina, bien ordenado. 

Lo primero que vamos a hacer es coger las hojas de las espinacas, lavarlas muy bien, quitar las que estén feas y trocearlas en juliana muy finamente. Me lo imaginaba, no sabes qué es trocear una verdura en juliana. Pues es muy sencillo, te vas a la Wikipedia y lo buscas no tengo toda la mañana para explicártelo. En tiritas finas. Una vez limpias, bien limpias, ponlas en una cacerola  a cocer. Te recomiendo que antes pongas agua en la cacerola porque sin agua no solo no se cuecen las espinacas sino que además se queman, se pegan y te cargas el cacharro.

¿Ya están cociendo? Perfecto, pues ahora coge las judías blancas (en tarro), los taquitos de jamón, las latas de melva, la pasta y los tarros de judías verdes y los metes en la despensa en previsión de lo que nos digan esta tarde en el telediario. Nunca se sabe. Creo que en Sevilla no se declara el estado de excepción desde Queipo y de eso ya ha pasado tiempo. A buen seguro cuando has bajado al supermercado has comprado ocho paquetes de los grandes de 2.638 rollos de papel higiénico, has hecho bien, nunca se sabe. ¿No has oído nunca el refrán que dice “cagas más que un pollo en un canasto”? Pues eso, tu puedes ser el pollo y tu casa el canasto. Si has comprado mucho vino ve guardándolo en la despensa, no lo vamos a usar para nada y si solo has comprado una botella pues aprovecha y date un homenaje mientras se hacen las espinacas.

Supongo que ya estarán bien hervidas pues las pones en un chino y dejas que pierdan toda su agua, sin aplastarlas, solo lo que la gravedad quiera extraerles.

Ve preparando el ajo, pelándolo y troceándolo. En un mortero, un madrileño diría un almirez sin dejar de ser lo mismo, pon las semillas de cilantro, pimienta y cominos y con la mano del mortero, la maja, ve majándolo suavemente primero a golpecitos y luego en espiral hasta obtener un polvillo de un aroma inconfundible a espinacas. ¿Es así?  Pues resérvalo. Búscate un perol de los que a mí me gustan. Ya deberías saberlo, los negros de toda la vida con puntitos blancos que nunca he sabido para que sirven esos puntitos pero que a buen seguro su utilidad tendrán aunque sea decorativa. Vierte un poco de aceite, el justo, tal que así. ¡Jolines que cubra el fondo! Añade los ajos y sofríelos un poco sin tostarlos así el aceite se impregnará de la esencia del ajo. Añade las espinacas, la sal y las especias  y ve sofriendo el conjunto hasta que las espinacas empiecen a tornar de verde intenso a marroncitas, ese es el momento donde añadiremos el pimentón para evitar que se queme y confiera a nuestras espinacas un sabor amargo.

Añádeles una cucharada de tomate frito. Has oído bien, tomate frito y mientras tanto en el mortero que usaste anteriormente ve preparando un majaito con el pan frito y el vinagre. Para ello previamente habrás tenido que cortar el pan en rebanadas y haberlo frito. Esa mezcla de pan frito, un poco de vinagre y el aceitito que iba en el pan se la añadirás a las espinacas que tenemos en el perol. Remueve bien para que se mezclen todos los ingredientes y añádeles los garbanzos que previamente habías cocido y los del bote de Luengo. ¿Fácil verdad? Pues ya tienes unas espinacas como nunca antes las habías probado. ¿Que no tienes ganas de hacer espinacas pero sí de comerlas? Pues te vas al Rinconcillo y te las comes allí que hacen las mejores espinacas de Sevilla después de las mías.

Llegada la hora de emplatarlas las puedes poner en unas cazuelas de barro o en unos miniperolitos de esos que venden en las tiendas de hostelería y que siempre llaman la atención y adórnalas con medio huevo duro cortado en dos a lo largo. No solo estarán riquísimas sino que estarán de muerte. También las puedes adornar con unos tostoncitos de pan frito, a mí me gustan más así, es como más sevillano y más de pobre.

¡Feliz Cuaresma! ¡Feliz cuarentena! 




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *