Casa Moreno: cambian los relojes, pero el tiempo no se inmuta

 

El reloj indica que son las 10 y veinte, da igual si de la mañana o de la noche. Ya sabemos que un reloj parado (incluso si es por una foto) acierta dos veces al día a dar la hora exacta. El año que indica el reloj de Casa Moreno es el de 1870, pero allí, junto a Emilio Vara, no pasa el tiempo.

También sabemos que dos veces por año la puntualidad amaga y se vuelve incierta. Un sábado de primavera, mientras todos duermen, el reloj (no el tiempo) se acelera. Y un sábado de otoño (esta vez será en la madrugada del 25 de octubre) las manecillas languidecen y se duermen una hora, para que cuando sean las 3 vuelvan a ser las 2. El tiempo que nos robaron nos lo devuelven, sin que les cobremos intereses.

Entre aforismos, montaditos que parecen diseñados por y para emperatrices y estampas taurinas, la trastienda de Casa Moreno es una metáfora del tiempo inmutable, de que todo cambia para que todo siga igual.

No hay mejor manera de abandonar los relojes y de dejar correr el tiempo que adornarse en la barra de Casa Moreno con la sencillez de sus placeres, con la delicadeza de quienes atienden a los clientes como si nada mejor hubiese por hacer.

No lo olviden: esta semana cambian los relojes, pero el tiempo no se inmuta. Pasa la vida. Casa Moreno sigue ahí.

 




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