Una verdad escondida
Por Francisco Pavón

De repente se hace el silencio, Ramón Valencia anuncia que todos los festejos taurinos programados para abril vuelven a ser anunciados en septiembre y los pensamientos no cambian. Es verdad que desaparece el estado de alarma y la población estará vacunada casi al 70%, si no se producen retrocesos en la administración de la vacuna, cosa que puede ocurrir como hemos visto a lo largo de estos meses. 

Diviso un marco muy parecido al anterior, San Miguel está situado a escasos 18 días después del 31 de agosto, justo detrás de un periodo vacacional donde todos sabemos que se van a producir muchísimos desplazamientos. Es ahí cuando la empresa de Sevilla pretende iniciar temporada. La intención es poder contar de nuevo con el 50% de la plaza

Existe una diferencia importante con respecto a Semana Santa, la ley estatal 2/2021 de 29 marzo, que obliga al metro y medio de distancia de seguridad, venida desde el gobierno nacional, no hará acto de presencia, lo más seguro es que la competencia sea única y exclusivamente de la Junta de Andalucía. Es decir, no existen escusas ni amparo en un organismo mayor. Se va a comprobar verdaderamente el apoyo que le dan a la fiesta. El argumento digo desde hoy cuál puede ser. “Haremos una valoración de cómo va evolucionando la curva de contagios y tomaremos la decisión oportuna”

Intuyo una vez más que la incertidumbre puede hacer acto de presencia y se puede vivir una situación muy similar a la sufrida en abril. No quiero ser pesimista pero el verano todo hace indicar que va a ser movido y las verdaderas medidas se pueden tomar una vez entrado el mes de septiembre. 

Es una opinión muy personal, creo que la celebración de espectáculos taurinos en la Real Maestranza peligra más de lo que pensamos y no somos conscientes. Nadie trabaja en estos momentos, la empresa Pagés no tiene intención de buscar un plan alternativo que no sea el establecido, y el gobierno puede ampararse con razón en el mejor de los argumentos, una alta incidencia en Sevilla durante las dos semanas en las que está programado el serial. La evidencia puede producirse con total normalidad. 

Si esto ocurre, sería un desastre total para el mundo del toro, ser perderían 14 corridas con todo lo que eso supone en la dehesa brava española, tan afectada y maltratada como ningún otro sector. Por segundo año consecutivo esta fiel afición no entraría en su emblemática plaza, sufriendo un engaño tremendo que no debiera pasar desapercibido y Ramón Valencia, por mucho que me duela, si fuera honesto consigo mismo se tendría que replantear su futuro, aunque el contrato finalice en 2025. 

Esperemos que nada de lo dicho se haga realidad, no quiero adelantar malos presagios, pero si sucede que a nadie le pille por sorpresa. Firmo a 5 de mayo. Ojalá que de esta misma pluma salgan las catorce crónicas.




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