Toros en Sevilla: Llegaron las figuras, se acabaron los toros
Una vez más, infame corrida de Juan Pedro Domecq

Le confieso, sufrido lector, que mientras se gestaba esta crónica, es decir, mientras se desarrollaba el lamentable espectáculo que dieron los toros de Juan Pedro Domecq (no, el enlace no es un error) en la tarde del 11 de abril, pensé que lo más atinado era dejar esta página en blanco, publicarla así en Sevilla Info y compartirla así en las redes. Pero claro, eso, que sería un inmerecido exceso de respeto con la ganadería, sería una falta de tal para el que se atreva a pasar un rato con estas letras.
Porque nada pudieron disfrutar los aficionados y el público que abarrotaban ayer los tendidos de la plaza de toros de Sevilla. El cartel merecía el llenazo… Pero con matices. Porque Morante ha dado ya síntomas de no estar en su mejor momento, Manzanares continúa inexplicablemente toreando después de dos años lamentables y Pablo Aguado aún anda buscando regresar al 10 de mayo de 2019.
Y resulta que nadie pudo comprobar si esos negativos augurios se tornaban en buenas noticias, porque para eso hace falta que haya toros en la plaza. Y, en su lugar, salieron seis animalillos sin raza ni casta ni fuerza ni bravura y con cornamentas como manillares de triciclos de niño chico.
Hubo petición de oreja para Morante en el primero. Su faena tuvo buen son, pero siempre faltaba algo -¡claro!-, aun a pesar del exceso de jaleo en el tendido a cada pase. Mató de una estocada. La petición fue insuficiente y mejor así, porque ese desastre de animal no era digno de que Morante pasease su oreja. En el cuarto recibió pitos, seguramente por parte de los mismos que lo habían jaleado en exceso antes. Tampoco llevaban razón ahora, ya que el de la Puebla hizo lo único que cabía ante un toro flojísimo: abreviar.
Manzanares se hartó de torear hacia afuera a un toro manso, con la consecuencia lógica. Con su segundo completó el recital de pico de la muleta que dio toda la tarde. La impresión es que sigue como en sus últimas temporadas y los impresentables animales de Juan Pedro Domecq no son excusa en este caso. El de Alicante llegó, estuvo y se fue.
Pablo Aguado se mostró muy dispuesto y de sus manos salieron los mejores momentos de la tarde, como los grandes lances de recibo y el galleo por chicuelinas y dos medias para llevar al caballo al tercero. El quite por verónicas confirmó un buen pitón derecho, pero la expectación creada tras ver el capote se tornó decepción. El toro, sin fondo, no peleaba y entraba en la muleta andandito. La lidia del sexto estaba siendo la más normal de todas, hasta que en el tercio de banderillas el toro acabó llevando a la cuadrilla a la puerta de los toriles. Aguado pudo robar algunos muletazos cerca de las tablas, pero el toro estaba listo de papeles.
Es imposible que pueda salir una corrida de toros más mala que esta en lo que queda de historia de la Fiesta de los toros. Bueno, si Juan Pedro Domecq no ceja en el empeño, seguro que lo consigue.
Un puñado de aficionados cabreados, los mismos que llenaban los tendidos, braman contra el ganadero. “¿Por qué las figuras quieren estos toros?”. Pues por lo que las quieren. “¿Por qué vienen estos toros un año tras otro?”. Pues por eso ¿Y por qué viene usted? Y vino el año pasado y el anterior y el anterior… Está claro que lo que vende entradas es la expectación y eso lo maneja como nadie la empresa que gestiona la plaza de toros de Sevilla.




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