Toros en Sevilla: La verdad de la Fiesta y la Fiesta de verdad
Heroica tarde de Escribano, que volvió al ruedo tras ser corneado y operado y cortó dos orejas. Borja Jiménez, sólido y asentado en la zona noble del escalafón

No son tópicos, son realidades. Sin emoción no hay Fiesta Nacional. Y la emoción puede venir por una faena de dos orejas a un gran toro, por una faena de valor a una alimaña, por la heroicidad de un torero que demuestra que ellos son otra cosa…
Manuel Escribano, ese torero humilde pero grande, alejado de las alturas donde se enseñorean las figuras y “condenado” a lidiar corridas duras, mostró en la tarde del 13 de abril, en Sevilla, la verdad de la Fiesta. La tragedia y el triunfo están separados por una línea muy fina, tanto que a veces se confunden, y si aceptas y asumes convivir con la primera, el segundo acaba llegando.
Y mostró la Fiesta de verdad, la sincera, de ansias de triunfo sin gesticulaciones para la galería y el aplauso fácil, de esfuerzo y sacrificio aun en tiempos en que esos valores son despreciados.
Escribano se fue a portagayola. El toro de Victorino Martín salió distraído y caminó hacia el burladero. Cuando vio al torero se arrancó en diagonal. A la buena larga cambiada siguieron unas verónicas, algo forzadas, que hicieron crujir la plaza pero en un momento en que quedó fuera de sitio, el toro lo golpeó y tiró al suelo. Entonces hizo por él, lo levantó y le corneó la pierna derecha. Quiso seguir, pero no pudo.
Las noticias sobre el torero de Gerena se sucedían en los tendidos. “Lo están operando sin anestesia”, “oye, que Escribano vuelve”, “eso como va a ser…”
Cojeando, con unos vaqueros sustituyendo a la taleguilla y mostrando su alma torera, Escribano, sí, volvió. Y como el héroe que es, volvió a atravesar el ruedo para hincarse en el albero. Aguantó los minutos, minutos, hasta que salió Fisgador sin mover un sólo músculo, con las manos adelantadas sosteniendo el capote, entre el silencio de unos tendidos donde se adivinaban los pelos de punta y la compañía de la banda de Tejera, que, sensible, estuvo a su lado.
Y como el torero que es, puso la plaza boca abajo. Las disquisiciones técnicas de toda crónica sobran ante el derroche de emoción y verdad de lo que estaba haciendo Escribano en el ruedo minutos después de haber estado tumbado en una mesa de operaciones. Dominó y sometió a un toro complicadísimo, lo mató de una estocada, le cortó las orejas y se consagró como héroe del toreo de verdad y de la verdad del toreo.
Borja Jiménez estuvo formidable. En el toro que cogió a Escribano, que nunca dejó de tener peligro ni de desarrollar sentido y en cada embestida se comportaba de forma distinta a la anterior. Muy dispuesto y sabiendo qué hacer, el sevillano lo toreó sobre todo por la izquierda y lo pasaportó de una estocada desprendida, siendo premiado con una ovación. El tercero, su primero, tenía fuerza y recorrido y mostró agresiva acometividad contra el capote. Tras una buena primera serie por la izquierda, el victorino se iba quedando corto y Borja tiró de él con celo pero suavidad para, así, poder acabar los pases. Una sensacional faena por la izquierda, última tanda de naturales con tres trincherillas y un molinete llevó la locura a los tendidos. La media, tendida y trasera, le privó de una de las dos orejas que merecía.
El quinto, el segundo de Borja Jiménez, era un pedazo de eso. No embestía bien, no era claro, probaba por el derecho con mucho peligro sin acabar de embestir y no demostró ni clase ni empuje. El matador, inteligente, acabó arrancándole dos series por la derecha cruzándose constantemente para completar una actuación sólida, de torero cuajado, hecho, serio y sobrado para estar arriba.
Uno de los alicientes previos a la corrida era conocer la reacción del público hacia Roca Rey por el veto impuesto sobre Daniel Luque, que ha dejado al sevillano fuera de muchos carteles en este inicio de temporada. Y lo que pasó fue que no dejó de escuchar silbidos uno a uno mientras toreaba entre el silencio del resto de los tendidos.
El peruano fue a por lana y salió trasquilado. En su primero estuvo muy precavido, sin querer cruzarse y toreando con el pico y hacia afuera. En su segundo, noblote pero con recorrido justo, hizo faenita. Lo llevó por los dos lados, pero no acabó de romper pese a su esfuerzo. Al final, tal vez, unos derechazos. Está vez no hubo arrimón tremendista. Que no estaba el horno pa bollos, ome… Mató de estocada y escuchó palmas. ¿Para eso se anuncia con victorinos?
Roca – el llenador de plazas, el rey de los toros, de las empresas y los empresarios- ya tiene a otros tres que vetar: Escribano y Borja Jiménez por osar convertirlo en un convidado de piedra. Y los victorinos por ponerlo en su sitio.




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