Toros en Sevilla: Garcigrandes sin muleta
Un inspiradísimo Talavante salva una anodina tarde en la Maestranza

Toda la tarde estuvimos esperando que se cumpliera esa característica de los toros de Garcigrande (sí, ome sí, vale, de Domingo Hernández). La que dice que su comportamiento en los dos primeros tercios no tiene porqué indicar qué pasará en la muleta.

Pero fue algo mas próximo a la diatriba entre la realidad y el deseo, porque si los bichos no tienen fuerza, no tienen raza, no tienen… Pues entonces ni fama ni nada.

Sólamente el quinto -otra vez el quinto- cumplió con lo dicho, hecho que se unió a uno de los picos altos del siempre irregular Talavante. El resultado, momentos de ensueño, destacando dos maravillosos cambios de mano, el segundo de ellos ya con la espada de matar y tras unas prodigiosas bernadinas.

Serrador, que así se llamaba el toro, salió como dormido y al poco demostró sus escasas fuerzas. Pareció ir bien por la derecha, regular por la izquierda, andaba, no galopaba… No hizo nada bonito durante la lidia de forma que a todos los brindados les sorprendió el brindis de Talavante al público. Y se puso a torear.

Totalmente poseído por la inspiración, el extemeño dio dos series por la derecha en las que se sucedieron pases de pecho, molinetes, remates por la izquierda según le fuera dictando su instinto. El toro parecía apagarse, pero el torero lo supo cuidar, darle su tiempo, el necesario para alargar la faena por los dos lados lo justo y manteniendo al público en vilo ante tamaño despliegue de repertorio y de inspiración. incluidas las bernadinas finales. Estocada y oreja.

¿Fue la historia del tercer tercio de los Garcigrande/Domingo Hernández? ¿Fue el torero el que hizo al toro? ¿Fue que sólo Talavante le vio la clase que desplegó finalmente? La última es un “sí” induscutible. Las otras, pueden ser… Eso sí, ojalá este Talavante inspirado, despaciosamente artista y sabio (también estuvo bien con el segundo) sea el de esta temporada en vez del muy desdibujado y desubicado torero de la anterior.

Tomás Rufo es un gran torero. No es la primera vez que lo aseguramos en este sitio web y, además, lo hacemos desde mas allá de la Puerta del Príncipe del año pasado. Tan es así que incluso pareció que podía sacar algo de los dos toros secos que le tocaron en suerte. Pero donde no hay…

El tercero, flojísimo y sin raza, perdía las manos y embestía, más bien pasaba, así porque sí. Demasiado hizo el toledano arrancandole pases pero se pasó de fe en sí mismo y alargó inútilmente una faena que nunca pudo construir. El sexto, más de lo mismo. Aunque posibilitó dos buenas varas por parte de Manuel Ruiz Román (el Espartaco picador) ni el sitio ni el oficio ni la técnica de Rufo sirvieron ante un animal que, simplemente, no quería embestir.

El Juli recibio bien con el capote a sus dos enemigos y ahí se acabó todo. El cuarto tenía mejor presencia, pero manseó. Se paraba cuando llegaba a los engaños a pesar de que no dejaba de andar. Y el que abrió plaza se rajó miserablemente.

Así que los que sí merecieron algún trofeo fueron los que cubrieron tres cuartas partes de la plaza de toros de Sevilla, por la mala tarde de toros y por el calor infernal que tuvieron que soportar.




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