Toros en Sevilla: Con los novilleros se olvidó la sensibilidad

Foto: Toromedia

 

Un aficionado madrileño, perdón, abonado de Las Ventas, y asiduo de la Feria de Sevilla me comentaba en cierta ocasión que lo que hace a la plaza de la Maestranza diferente es la sensibilidad, afirmación que nos hemos encontrado en muchos sitios.

Pues resulta que en la novena del abono de este año, novillada y jugada el día 28 de septiembre, se echó un borrón a esa bien ganada fama. El presidente del festejo, D. Gabriel Fernández Rey (encantado, oiga) desoyó la petición mayoritaria y no concedió la oreja del cuarto de la tarde a Calerito, Juan Pedro García Vizcaíno, de Aznalcóllar (Sevilla), que se había jugado la vida ante un peligroso novillo de Cortijo de la Sierra, o sea, de Rocío de la Cámara.

Tras irse a portagayola, Calerito propinó unos vibrantes lances al novillo, culminados con unas apretadas chicuelinas. El animal, manso de solemnidad, cazó al chaval cuando intentaba dar su primera serie de derechazos, aunque, afortunadamente, pudo seguir toreando. Se echó la muleta a la izquierda y pareció que el toro iba mejor, aunque la forma de revolverse y la cabeza siempre derrotando recordaba el peligro que tenía.

Juan Pedro demostró que había entendido a su enemigo y sabía lo que había de hacer. Con mucho trabajo logró varias templadas series por las dos manos logrando alargar su corta embestida, demostrando técnica y buen gusto y provocando los aplausos del público, a quien consiguió animar tras medio festejo imposible. Culminó, tras unos bonitos ayudados, con media estocada que no fue suficiente, por lo que tuvo que descabellar.

Calerito, consternado, apoyaba la cabeza sobre las tablas no queriendo ver como el novillo pasaba por su lado camino del desolladero con el trofeo que le correspondía. Dio una muy aplaudida vuelta al ruedo, pero no podrá blandir su trofeo reclamando sitio el año que viene porque un presidente obstinado se empeñó en demostrar que hay un sitio en el que la plaza de toros de Sevilla pierde su ganada fama de sensibilidad: el palco.

Habrá dormido cojonudamente, el nota.

La novillada “de triunfadores” quedó marcada por el juego de los toros de Rocío de la Cámara, mansos, peligrosos, que se colaban y que el que no pegaba tornillazos se revolvía y el que no, simplemente, pasaba.

Así, además del susto a Calerito, Jorge Martínez, el más joven de la terna, se llevó dos revolcones cuando le hacía el quite al segundo de la tarde -el mismo que desarmó de fea manera a Manuel Diosleguarde- y un varetazo cuando toreaba al tercero. El sexto llegó a coger al banderillero Juan Rojas, aunque sin consecuencias serias según se informó desde la enfermería.

Los tres novilleros demostraron que andan sobrados de valor y también de condiciones. Más cuajados Calerito y Manuel Diosleguarde (de Salamanca) y aún con camino por delante Jorge Martínez (de Murcia).

Tal vez el que mejor fama traía era el salmantino y demostró que no era gratuita en una faena al segundo de la tarde en la que no dejó de apuntar cosas de categoría en pases templados y torerísimos remates por bajo, pero que no logró redondear.

No hubo trofeos en la tarde de los triunfadores de la temporada, sin embargo, a pesar de las circunstancias adversas en las que se tiene que desenvolver la tauromaquia en estos tiempos convulsos, ver a tres chavales de distinto corte torero pero con un común carácter de jabato provoca una agradable sensación de esperanza.




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