Toros en Sevilla: La puertecilla del príncipe
Luque cortó dos orejas y le regalaron otra tras una faena de arrimón al sexto. Bonancible y escaso de fuerzas encierro de Núñez del Cuvillo

Partamos de la base de que Daniel Luque es un torero extraordinario y es seguro que abrirá la Puerta del Príncipe de la plaza de toros de Sevilla alguna vez más. El deseo de este cronista y de muchos aficionados -insisto en diferenciar, como en estas crónicas habrá podido leer en otras ocasiones-, “aficionados”, no “público”, es que ésas que tengan que venir sean con mayúsculas, justas y merecidas y no como la de la tarde de este 12 de abril de 2024. Es impresentable que se den dos orejas por una faena en la que el toro estuvo parado la mayor parte del tiempo, obligando al torero a pasarle la muleta por encima varias veces porque, flojísimo de fuerzas, había perdido la acometividad.
Las cosas sucedieron de la siguiente manera.
Después de que cada torero cortase una oreja en la primera mitad de la corrida, el runrún de la Puerta del Príncipe se dejo sentir. Pero ni Urdiales ni Talavante pudieron redondear sus respectivas tardes, así que la única opción que quedaba era la de Luque.
El de Gerena, que olía el triunfo, salió como un león a por el sexto, Contento de nombre y jabonero sucio de capa. Mostró calidad en la embestida, especialmente en largo, confirmándolo en el caballo. El problema, la falta de fuerzas, como en toda la corrida de Núñez del Cuvillo. A la faena le costó arrancar, hasta el punto de que, en un momento, parecía que estaba todo acabado porque el toro embestía cada vez con más dificultad. Una magnífica serie por la derecha más lenta que lenta llevó otra vez la ilusión a los tendidos y Luque, para favorecer la corriente populista, decidió acortar las distancias y meterse entre los pitones del toro. Pero éste estaba parado, pa-ra-do, apuntaba la embestida pero no la culminaba, era el torero el que andaba hacia los cuartos traseros acariciándole la muleta con el lomo Entre muchos trapazos se pudo ver algún buen pase, pero poco más. El torero, honrado y ambicioso, lo intentó, luchó y concretó una meritoria faena. Punto. Tras una estocada trasera, Contento se echó junto a las tablas del tendido 7, más por la ausencia total de fuerzas que por el efecto de la espada.
El personal pidió la oreja con fuerza y, nada que objetar, fue concedida. Siguió insistiendo con las mulillas ya en el albero y el tercero de Luque, Jesús Arruga, tardó en cortar la oreja más que en cortar una paletilla. Otro ratito para dársela al alguacilillo y se quedó plantado entre el gancho de las mulillas y el toro retrasando el arrastre. Al final, el presidente, José Luque Teruel, el mismo que le negó la vuelta al ruedo a Tabarro, sacó un segundo pañuelo entre el delirio de los más yintoneros.
Los tres toreros estuvieron bien con sus primeros enemigos.
Diego Urdiales toreó por los dos pitones con esa suavidad, maestría, clase y clasicismo que desprende. Su faena transmitía una serena satisfacción mientras se disfrutaba. Dio un estoconazo al noble toro de Cuvillo y se llevó un trofeo.
Alejadro Talavante, estuvo muy en Talavante. El toro estaba también justo de fuerzas, pero metía bien la cabeza. Se encontró mejor por la izquierda, sobre todo en una serie que empezó con un cambio de mano y uno de pecho en redondo de cartel, pase que repetiría varias veces. Unos adornos por bajo destacables fueron el preludio de una estocada y la oreja.
Y Daniel Luque, tras unos soberbios lances de recibo, quieto y a pies juntos, aceptó el reto del quite por chicuelinas de Urdiales respondiendo por cordobinas. El toro, sin fuerzas, respondió mínimamente en la muleta. Preciosa tanda de naturales que no entendemos que no tuviera continuidad, porque el pitón izquierdo valía tela. Algún derechazo… La faena no acabó de romper nunca, aunque el estoconazo le valió una oreja.
Algunas cosas más.
¿Qué le pasaría a Urdiales en el cuarto? Se vio bien durante la lidia, el toro era tan noble como los demás, aunque con algo más de chispa, algo que debería ser de agradecer. Sin embargo, no dio ni una sola serie completa, algo impensable después de su primera faena.
¿Afarolados en Sevilla? Sí, así fue. Talavante, en el quinto, al que toreó bien al natural, regalando una serie excelsa con una trincherilla de cartel. Algunos derechazos antes de que la faena cayera para acabar entre enganchones mientras buscaba el tremendismo.
El próximo cartel, los Victorinos. El contador de puertas del príncipe yintoneras se ha abierto ya…




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