Toros en Huelva: Intrascendencia con siete orejas en la tarde más importante de Conquero
El toricantano onubense salió a hombros con Manzanares y Roca Rey en un festejo de más ruido que nueces

¿Puede una tarde de toros en la que se han cortado siete orejas ser intrascendente? Seamos generosos: ¿Puede ser poco trascendente? A tenor de lo visto en la segunda de las Colombinas de Huelva, a la que concurrieron en la Plaza de la Merced Manzanares, Roca Rey y Alejandro Conquero para medirse a los toros de Algarra, sí, puede ser. La única duda que se plantea en este aserto viene dada porque el tercero de ellos tomó la alternativa, el momento más trascendente en la vida de un matador de toros, y se mostró como un ambicioso proyecto de torero, pero…
El toro que cerró plaza, para Alejandro Conquero, demostró movilidad, aunque una embestida un tanto descompuesta. Salió después de que Manzanares y Roca Rey, cada uno a su forma y estilo, hubieran logrado trofeos para abrir la Puerta Grande y con el público, batiendo palmas (en Huelva las llaman “por Huelva”, pero este cronista, la verdad, no es capaz de distinguirla de las “por sevillanas” o “por bulerías”), deseando que su paisano se les uniera. Sólo le quedaba esa oportunidad y aún tenía el esportón vacío.
Se empleó en unas buenas verónicas de recibo e inició la faena sabiendo que delante había a un animal de embestida pronta y alegre. Sin embargo, al no cuidarlo y darle muletazos de forma áspera -mucho peso: responsabilidad, inexperiencia, ansia de triunfo…-, en vez de sacarle todo lo bueno que tenía le hizo embestir bruscamente. La buena condición del de Algarra se mostró al final, cuando Conquero superó su ansias y toreó más reposado, sacando derechazos y naturales de muy buen trazo y gusto. Acabó, valiente, con unas manoletinas de rodillas que al principio no salieron bien pero repitió exitosamente poniendo la plaza bocabajo. Dejó una buena estocada, pudo cortar las dos orejas y consumó un triunfo que siempre viene tan bien en el día más señalado. A partir de ahora…
José Mari Manzanares ofreció dos faenas calcadas con dos toros muy parecidos. Prontos, nobles, con clase en la embestida, con pocas fuerzas. La respuesta del alicantino fue académica: Buenas verónicas de recibo, buenos derechazos, templados naturales (más a su segundo, que el primero no se dejó), bajando la mano al primero y procurando que no se cayera el segundo… y una sensación de control tan absoluto que quitaba trascendencia a lo que estaba pasando.
No nos atrevemos a asegurar si fue por la escasa fuerza de los animales o por lo sobrado de un torero poderoso y más que experto, pero el caso es que Manzanares mostró en Huelva estar en una etapa de su toreo muy distinta, demasiado distinta, a la de los triunfos absolutos de hace lustros. Un oreja -justa y ajustada- de cada enemigo, Puerta Grande y a otra cosa; El Puerto con La Quinta, concretamente.
Que Roca Rey tiene un guión está más que demostrado. Que profundiza en él en momentos muy determinados -a punto de la Puerta Grande o cuando le han ganado la partida…- también. Que ese guión le exige valor/temeridad y tiene más que de sobra para ejecutarlo, también. Y Huelva no fue una excepción, entre otras cosas porque el público es lo que quiere.
El tercero de la tarde, primero suyo, embestía con más ganas que fuerza. Después de dos buenas series por la derecha, otra muy lenta -el toro no daba para más- cuando, de repente, se paró con los pitones junto a sus muslos y reculó. Lejos de rectificar, el peruano aprovechó para mover la muleta hacia atrás en una suerte de pase cambiado provocando que el animal le pasara por la espalda. El clamor que el público estaba deseando pero no acababa de arrancar encontró ahora motivos, con una improvisación al hilo del guión pero fuera de él. Mató de un estoconazo y cortó dos orejas.
En el quinto, faena al uso a un animal soso como él sólo: derecha, izquierda, arrimón, pitones rozándole, público chillando. El guión llevado a sus últimas consecuencias, pero, eso sí, siempre por encima de su enemigo. Pinchazo, estocada y oreja.
Sólo nos falta el toro de la alternativa de Alejandro Conquero, un animal sin fuerzas que mereció mejor cuidado. Un buen quite por tafalleras del toricantano fue lo más destacado, ya que, yendo lastimosamente a menos, cuando estaba siendo colocado para el segundo par de banderillas, descompuso la embestida tanto que se cayó de lado y costó la misma vida levantarlo. Llegó fundido a la muleta y nada se pudo hacer.
Llevadera segunda tarde de las Colombinas (eso de no usar el artículo nos parece de ridícula finura impostada), pero con la sensación siempre presente de que estaba faltando algo que la hiciera estallar. Se esperó, pero no llegó.




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