Toros en Burgos: Morante abre boca ante sus bodas de plata cortando dos orejas
El descastado y flojo encierro de Bañuelos no impide la fiesta en las gradas de la plaza cubierta

Resulta extraño ir a la plaza de toros en un día de mucho viento -y frío- y que no haya lugar al típico comentario de “ojú, esto es malo pa los toreros”. En Burgos se juega con esa ventaja, aunque eso de torear en una plaza cubierta ofrezca otras cosas, ni mejores ni peores, simplemente distintas. Pero eso debe dar para otro post, que en este se trata de contar qué hizo Morante, que saldó su tarde con dos orejas a sólo 48 horas de cumplir sus bodas de plata de alternativa en la misma plaza donde la tomó, remozada y bien remozada, eso sí.
Y el de la Puebla estuvo dispuesto y por encima de sus dos enemigos, que tuvieron en común la falta de casta y de fuerzas, igual que el resto del encierro de Antonio Bañuelos. Su primero, segundo de la corrida (que ya es raro), cogía con nobleza el engaño, pero derrotaba a mitad de embestida por la derecha. Era más claro por la izquierda, lo que aprovechó para sacarle una buena tanda de naturales y, ya más ahormado, volver a intentarlo por el otro lado.
Tres molinetes seguidos que levantaron al público de sus asientos dieron paso a varios buenos derechazos que no fueron recibidos con tanto júbilo… Morante supo aprovechar lo único que tenía el toro, su nobleza, para conectar con el tendido y, tras un buena estocada, cortar las dos orejas.
El quinto era flojo de manos, como todos, y a todos esos defectos mencionados, o quizá por ellos, unía un molesto cabeceo y que echaba la cara arriba a mitad de embestida a la vez que se daba la vuelta. José Antonio estuvo más que dispuesto y salvó con decoro la papeleta.
Y ahora, dilema para este cronista. ¿Seguimos por lo mejor o por peor del festejo? Que aún no hemos llegado ni a una cosa ni a otra…
Lo peor vino en el cuarto, segundo de Manuel Díaz, el Cordobés, que debió ser devuelto a los corrales por inválido. Curiosamente, mostró buena condición las veces que acudió a la muleta, antes de que decidiera irse a las tablas y echarse. Tuvo que ser apuntillado.
Lo mejor lo puso Joselito Adame, al que le tocó el toro de la corrida. Bueno, el menos malo. Un vistoso quite por zapopinas volvió a meter al animoso público burgalés en faena. No perdió el ritmo el mexicano en ningún momento, desde los estatuarios con los que recibió a Malahierba hasta que lo pasaportó con una estocada. En medio, una faena basada, sobre todo, en la izquierda sin que faltaran derechazos también templados y profundos. La estocada cayó contraria, pero fue suficiente.
Joselito Adame es de uno esos buenos toreros que, sin embargo, nunca están bien colocados en las ferias y tienen que esperar cosas como la que se dio en esta ocasión, la baja de Cayetano. También lo demostró en el tercero, que además de su escasez de fuerzas manseó y lo obligó a estar pendiente de que no se fuera a las tablas. Lo logró a base de esfuerzo y le arrancó buenos muletazos por los dos lados. Destacaron tres circulares con la espada de matar, el último de ellos culminado con un gran cambio de mano. La estocada no fue buena, pero habría conseguido trofeos de no ser por los cinco descabellos.
Y sólo nos queda el primero, que no aportó nada: flojo de manos, sin fuerza, sin casta. Tenía un punto de nobleza y entre eso y que toreaba en el patio de su casa. El Cordobés le cortó una orejita.
El público se divirtió el Coliseo multiusos de Burgos, una magnífica instalación, cómoda, con buenos accesos a las gradas y, hablamos de toros, donde nunca sopla el viento, hechos que la hacen merecedora de todas las loas posibles, incluso aunque sea materialmente imposible saber el color de los vestidos de los toreros. Con lo que a nosotros nos gusta eso




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