Los toros de Algarra, protagonistas en Mérida: fastidiaron la ilusionante tarde

@PrensaJMM

 

Como es bonito empezar por algo bueno, destaquemos la ilusión que se palpaba en las calles de Mérida desde horas antes de la corrida. Había ganas de toros, muchas, por sí y como símbolo de la deseada -ya casi ansiada- vuelta a la normalidad de nuestras vidas. Además, el cartel se las traía: dos veteranos contrastados, el Juli, siempre bien recibido en Extremadura, y Manzanares; la sensación de los últimos años, Pablo Aguado, y una ganadería, Algarra, con fama justamente ganada en temporadas pasadas.

Así, no extrañó ver caras conocidas como los toreros Roberto Domínguez, Manuel Caballero y Luis Reinoso “El Cartujano”, el ex futbolista del CD Badajoz Juan Antonio Rodríguez Caro “Rodri” o el diputado de VOX por Badajoz Víctor Sánchez del Real.

Como en las previas de los toros se habla de toros, lo ocurrido en Sevilla protagonizaba conversaciones y dividía opiniones en Mérida. Las mismas que se juntaban en alabar el trabajo de la casa Matilla para ofrecernos una gran tarde de toros.

Sol, agradable temperatura, mascarillas, 50% del aforo ocupado al completo, cruces señalando los asientos prohibidos, constantes avisos por megafonía de observar las restricciones (“… prohibido arrojar objetos a los toreros…”) y mucha ilusión.

Pero…

Los toros que Algarra, ganadería muy vinculada a Pablo Aguado, había enseñado en las horas previas eran bonitos, con buenas hechuras. Pero no sólo coincidían en eso. Mostraron tal falta de fuerzas y de raza que su más que evidente buena condición (el sexto, además, tuvo mucha clase) provocaba desesperación en los tendidos.

Por ejemplo, Manzanares cuidó mucho al 5º, pero el bicho no aguantaba ni tres muletazos y se echó al suelo de forma impúdica dos veces. Pablo Aguado le hizo al 6º una faena de manual y con el buen gusto de la casa: series por la derecha, naturales e incluso ayudados por alto antes de entrar a matar. Pero el esfuerzo del torero sevillano apenas llegó al tendido, lastrado por la falta de casta del toro. Y el Juli sufrió cómo sus buenos lances de recibo reventaban literalmente a un morlaco, el 1º, que no dio para más.

A pesar de todo, se pudo pasear una oreja. Fue la del 2º y lo hizo el alicantino, que se encontró el toro más potable, porque repetía y metía la cabeza. Antes de que se agotara, Manzanares le sacó lo que pudo, con la derecha e intentando ligar, al menos, tres pases en cada serie. Mató como le gusta, recibiendo.

El andarín 3º sufrió una lidia lamentable de principio a fin, llena de capotazos sin sentido de los peones y con una suerte de varas con un sólo puyazo exagerado a todas luces que Pablo Aguado no fue capaz de controlar. Tras algunos muletazos, el toro se echó y fue pasaportado con una estocada.

Y el 4º tuvo enfrente la típica actitud de Julián López cuando ve que se va de vacío y que le han ganado la partida. Después de dos buenas medias en el recibo y de dejarlo muy entero tras el caballo, tiró de repertorio efectista. Sólo una buena serie de derechazos tuvo como previa el arrimón, agradecido por el público. La disposición de éste a los pañuelos blancos fue apagada por un pinchazo, un bajonazo y seis descabellos.

Las normas están para cumplirlas y las empresas taurinas no son una excepción. Además, éstas tienen la obligación de cuidar de la Fiesta. Matilla lo hizo empleándose a fondo en la confección de un gran cartel para Mérida , acatando la ley y dando la oportunidad al público de mostrar un comportamiento ejemplar.

El Juli sigue con su buen cartel en Extremadura.

Manzanares reapareció con sus cualidades intactas.

Aguado tendrá que esperar para que Mérida sea Aguadista Emérita. Pero el duro lo tiene…




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