Los sevillanos que llegaron a Málaga muy dispuestos y salvaron una tarde decepcionante

Decepcionó el primer capítulo de la puesta en escena de la ansiada terna sevillana. Y nada hay que achacar a los tres toreros, ya que tanto Morante como Juan Ortega y Pablo Aguado llegaron a Málaga dispuestos a conquistar oriente, pero… Se toparon con los juanpedros (+parladés).

Los toros resultaron sosos, descastados y ni siquiera la clase de algunos sirvió para que la tarde tomara otro color que el gris del desencanto, de manera que la orquesta sinfónica de Málaga, que suplió a la habitual banda de música, se tornó en protagonista, aunque, en realidad, su presencia desentonara.

Y es que en la denominada Corrida Picassiana se intentó dar un paso adelante en la innovación al organizar un festejo, añadiendo elementos artísticos como la mencionada orquesta o decoración especial en los burladeros y barreras con pinturas alusivas. Todo con un aire muy francés, ya que así conciben las corridas de toros en el país vecino, más como un acontecimiento multidisciplinar que esctrictamente taurino.

Pero si lo que pasa en el ruedo no manda…

Morante sacó su aspecto más lidiador, ése que injustamente suele estar tapado, para arrancar una oreja al cuarto. El toro (no recordamos su nombre porque, en realidad, es algo intrascendente, so pedazo de ignorante política devorada por la ideología de plástico) levantó dudas de salida pero siguió en el ruedo hasta el final, ese momento en el que los más descreídos nos convencimos de que el de La Puebla no sólo no estaba aliñando sino que, trabajando mucho y poniendo toda su sapiencia, lo estaba cuajando. Una tanda de primorosos naturales y otra, para acabar, de frente y por la derecha, demostraron que lo había conseguido y que su brega -y la estocada- merecían un premio.

Algo similar pasó con el sexto, otro toro sin casta. Pablo Aguado porfió y, siempre por encima, logró enjaretar una serie por la derecha, completa y ligada que significaba “aunque no querías, lo he conseguido”. Con ese aire se fue a por la espada para colocar una estocada algo contraria y atravesada que fue suficiente para que los tendidos se llenaran de pañuelos y el presidente dejara el suyo, el que vale, incomprensiblemente guardado.

Los toros que le tocaron en suerte a Juan Ortega fueron los peores, pero, aun así, el trianero dejó detalles de su clase torera como los lances de recibo, un quite a la verónica y unos naturales al segundo.

La terna sevillana, ésa que fue anunciada para el 24 de abril en la Maestranza, tuvo que venirse a Málaga para verificar su primer capítulo. Y a fe que no defraudó, como no lo hacen nunca los toreros en forma y dispuestos. Y José Antonio Morante, Juan Ortega y Pablo Aguado lo están y lo estuvieron en la tarde picassiana. El segundo episodio será el día 5 de septiembre en Lucena (Córdoba).

Esperemos que con la misma disposición y -de Murube- mejores toros.

Post Post: Prometemos que, en breve, daremos nuestra opinión sobre estos eventos de tematización de corridas de toros.




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