La belleza manantial de la sierra de Grazalema en la mano izquierda de Pablo Aguado

Por Francisco Pavón

Se presentó Pablo Aguado en Ubrique vestido de negro y oro para dejarlo impregnado de torería como si de la más brillante laurisilva se tratara. Flor muy singular y característica de la zona perteneciente a la era terciaria. Aguado también nos hizo retroceder por el túnel del tiempo a base de auténticos carteles de toros. El templo, era el de la suave brisa que se camufla por esos bellos paisajes de bosques que atesora la ciudad. Agua clara y cristalina que brotaba de unas muñecas tocadas con algo especial. La naturaleza del curso alto del río Majaceite acompañada por los sonidos del mirlo acuático hacía sonar la sinfonía del torero de Sevilla

Todo ocurría en el tercero, cuando el Jandilla salió a la plaza mis presagios eran inmejorables en cuanto vi sus primeros movimientos. Atendía a los burladeros, galopaba con buen son y se abrió por ambos pitones desde los primeros compases con el capote.

Pablo Aguado mostró la difícil facilidad de manejar el percal como si dentro del ruedo nada pasara, buen juego de brazos al lance, galleo por chicuelinas al paso para dejarlo perfectamente colocado en el caballo con una preciosa media genuflexa, bailó con las cinturas en un soberbio quite realizado por el mismo palo. La tercera con especial enjundia. Temple, caricia, más que torear acompañaba las suaves embestidas del buen toro. Lo trató con bondad, disfrutando cada momento, como realmente merecía.

Inició por doblones muy despacio para después crear la obra que todo torero sueña. Las dos primeras tandas por la mano derecha tuvieron el acople necesario imprimiéndole muchísimo ritmo. Cadera, muñecas, barbilla, pecho… Torea todo el cuerpo con el compás necesario. Con la zurda resulta muy difícil describir los diez muletazos ofrecidos al público, la Giralda le hablaba a la Torre del Oro con el Guadalquivir de por medio, la pluma de los grandes poetas salía a relucir, un pincel de brocha fina es lo que tiene Pablo Aguado en su mano izquierda para pintar cuadros llenos de clasicismo.

Especialmente el cuarto fue digno de colección. De adelante hacia atrás con una cadencia infinita, una vez más se pararon los relojes. Deleite en los cambios de manos y molinetes marca de la casa.  Faena basada en la naturalidad coronada con media estocada en buen sitio. Dos orejas. 

Anteriormente Tío Paco y Rafael estuvieron comentando en el tendido que después de la terrible situación de una vez por todas volvían a los toros, qué larga se ha hecho la espera… Hablaban de la esperanza de Sevilla, de los aplazamientos y de lo que está sucediendo en Madrid cuando sin darse cuenta ya habían sonado clarines y timbales. Dejaron constancia de sus gustos, Rafael resaltaba el buen pitón izquierdo del primero de la tarde diciendo que el torero no se había terminado de acoplar. Tío Paco en su condición de buen aficionado pedía paciencia. Ambos coincidieron en las teclas que tenía el segundo, un simple fallo condicionaba muchísimo la embestida, había que implementar un toque fijador y que solo viera muleta para tirar de él. No permitía ningún enganchón, ni consentía errores. Cuando se le dio la dosis requerida sucedieron algunos pases aislados. Oreja a la disposición y buen manejo del estoque. 

El cierra plaza mostró su evidente falta de fuerza desde salida, cosa que Rafael Serna supo solventar con un magnífico trato. No obligó en absoluto al animal, siempre a media altura y con suavidad, quizás no entendió al principio que la faena no podía ser ligada sino de uno en uno, dándole tiempo entre muletazo y muletazo y aprovechando la inercia cuando se diera el caso. De la tercera tanda en adelante surgieron grandes momentos por el pitón izquierdo, poco a poco lo fue haciendo hasta conseguir que el toro humillara y repitiera sin caerse, buena condición y nobleza evidenció siempre, pero había que adaptarse. Lo toreo por abajo, con mimo, sacando una faceta con el aficionado desconocía. El mal uso de la espada le privo de tocar pelo. Serna se puede ir satisfecho de su paso por Ubrique. 

Tío Paco y Rafael abandonaban los tendidos impregnados de la magia que Pablo Aguado dejó sobre el albero de Ubrique, ambos salieron toreando como buena parte de la afición en el día de ayer. Por un momento nos hizo soñar y olvidarnos de todos los problemas, obra grande en un momento muy necesario. 

La corrida de Jandilla en líneas generales ofreció un gran juego. Jaramago, lidiado en tercer lugar y premiado merecidamente con la vuelta al ruedo, tuvo clase en la embestida, ese punto necesario para llegar al tendido y mantener un lento ritmo propicio para realizar el toreo. Toro muy completo. Del primero resaltamos el buen pitón izquierdo; el segundo tecloso pero con posibilidades; el cuarto bueno pero sin fuerzas. He de destacar la nobleza como principal virtud. 

Los banderilleros Antonio Chacón e Iván García se desmonteraron tras protagonizar sendas actuaciones con las banderillas. Especialmente gustaron las salidas tan toreras de Chacón y la forma de sacar los palos de García. 

 

Ficha del festejo

Plaza de toros de Ubrique (Cádiz). Aforo de 765 personas con las pertinentes medidas de seguridad. 

Pablo Aguado: Ovación tras petición y dos orejas. 

Rafael Serna: Oreja y ovación. 




 

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