Juan Ortega, torero de fragua
Por Álvaro de San Román

Foto Arjona

 

¿De dónde es Juan Ortega? Dicen que no es de Triana. Ni se lo he preguntado, ni se lo voy a preguntar. Sé que solo le bastó nacer en la trianera calle de San Jacinto para atisbar ya ese color verde en sus ojos, como el que tenían los de Joaquín Rodríguez Cagancho. Que de un suspiro descansara su corazón para que se parara como el de Curro Puya, cuando mece su capote al viento, el que sopla en aquella marinera orilla de arte, compás y sentimiento. De hechuras de artista, como Rafael el Negro, bailaor, de la estirpe de los Cagancho.

Dibuja el toreo, como esos pintores ceramistas de la calle Alfarería. Hace del toreo un recital de poesía, como Manuel Molina, que abrazado a su guitarra hacía brotar almíbar de su garganta por bulería. Muletazos que son verdaderos lamentos por martinete, como Juan el Pelao, al compás del martillo, cantando se lamentaba y se dolía. Era trianero, fragüero, y al igual que Rafael el Negro, emparentado con los Cagancho.

Todas las artes están ligadas al toreo, y mutuamente se inspiran. Con el olor de las fraguas, de los Cagancho y de los Puya, se diluye el aroma a incienso en Sevilla, el señor resucitó, ya está con su padre en el cielo. De Triana vienen los vencejos a revolotear por la Maestranza, casi estamos en días de farolillos, ya se cambian los ternos, los tercios. Torea Juan Ortega, se presagia cante grande, toreo eterno. ¿De dónde es Juan? Qué más da, yo solo sé que en Triana, lo parió su madre torero. Belmonte, el que naciera en la sevillana calle Feria, fue del más puro estilo trianero, del que Juan Ortega es legítimo heredero.

Sevilla y Triana, cuna del toreo.




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