Toros en Sevilla. Cuando algo te deja sin Puerta del Príncipe
Una extraña ejecución de la suerte suprema privó a Emilio de Justo del triunfo absoluto

Emilio de Justo se perfiló para entrar a matar. El silencio que sólo puede existir en Sevilla era el espectador principal.

El torero, torerazo, extremeño había cortado dos orejas tras una faena primorosa, delicada, a su toro anterior, un victorino noble y encastado que no paraba de embestir. La Puerta del Príncipe estaba deseando ser abierta y los silentes, deseando que se abriera.

Cuando la mano izquierda se cruzó, dio la impresión de que la espada viajaba a su sitio, pero algo ocurrió y acabó sobre el albero.

-¿Pero qué ha pasado?

-Una banderilla, eso ha sido que ha dado con una banderilla…

(Abraham Neiro y Pérez Valcarce pusieron tres pares tan soberbios que fueron ovacionados y obligados a saludar)

-No. Ha sido un metisaca.

-Pero si el estoque está tirado en el suelo…

-Ha sido todo muy raro ¿no?

La única realidad es que De Justo falló, pinchó. Y que la trayectoria fuera de estocada tendida, como el mismo aclaró, convirtió en extraña la suerte.

No pasa nada. Comprensión, hay que intentarlo otra vez. Pero el silencio ya no sobrecogía, interrumpido por el ruido de las muecas de decepción. La espada atravesó, ahora sí, el lomo del victorino, pero demasiado atrás, sin la rotundidad necesaria y deseada.

El toro se echó, fue levantado por el puntillero y luego cayó sin remisión. Era tarde. El típico “la gente se ha enfriado” alcanzó su más duro significado.

La Puerta del Príncipe deberá seguir cerrada y esperar a que llegue alguien que haga, al menos, tantos merecimientos como hizo en su única comparecencia sevillana Emilio de Justo, de Torrejoncillo, Cáceres.

¡Porque mira que toreó bien!

Al cuarto, el de las dos orejas, lo recibió genuflexo y demostrando su mando. Rápidamente se vio que el derecho era el lado bueno, buenísimo, y por ahí lo entendió, con series ligadas y templadas. El toro humillaba y era pronto, apenas había que tocarlo, sólo mover levemente la muleta para que se metiera en sus vuelos. Tirando de él con mucha suavidad, De Justo enhebró una faena rotunda. Incluso por el izquierdo, el más difícil, sacó buenas tandas tras obligarlo.

Y, además, a los tendidos llegaba el aire de un torero que estaba disfrutando (¿será eso lo que llaman “transmisión”?). Tanto, que le costó ir a por la espadada de verdad y con tan buen sentido, que supo regalar varios naturales más ya con el acero.

La estocada fue entera, algo contraria y un puntito desprendida… Nada que impidiera dos orejas de ley.

El runrún de Puerta del Príncipe es muy particular. Esperó poco, justo cuando Emilio se fue a los medios a por el sexto y se vio que éste respondía. Aceptaba los engaños para enseñar un sobresaliente lado izquierdo. A ver si…

Igual que su placer llegó a los tendidos con el cuarto, ansiedad fue lo que transmitió en este, lloviendo sobre mojado. Porque el runrún ya había dejado de ser tal y se podía palpar el triunfo grande. El cacereño sometió al animal por la derecha y, sorprendentemente, no se afanó mucho con la izquierda ni siquiera después de una tanda prodigiosa. La faena estaba hecha y los ayudados lo confirmaron. Pero…

Antonio Ferrera es un gran torero. Todos los aficionados están al tanto de su historia y sus historias, las mismas que no han tapado su calidad con la muleta en la mano.

Tuvo que trabajar mucho con el flojo y manso primero para lograr buenos naturales y el público se lo reconoció. Abrevió con el tercero, un bicho imposible con el que también porfió.

Y le hizo una buena faena al quinto.

Lo toreó por las dos manos, se sintió a gusto, pudo tirar el estoque al suelo, desmayarse por la derecha y agradar. Cobró media estocada que resulto efectiva. La petición de oreja fue fuerte, pero no en los tendidos que mandan… Pero el cariño que le mostró la plaza de Sevilla mientras la rodeaba pareció contentar al peculiar diestro de Badajoz.

Un pacense y un cacereño se repartieron una corrida de Victorino que nos deparó una buena tarde de toros y al primer triunfador de la Feria de San Miguel. Ojalá no sea el último.

Mientras sí, mientras no… ¡viva Extremadura!




 

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