La jornada se vivió con algo menos de público pero con la misma intensidad. Muchos no volverán a pisar el Real hasta el año próximo

Sevilla apura sus últimas horas de Feria. Y lo hace, como cada año, a lo grande. Ayer la jornada no dejó apenas señales de que la fiesta va llegando a su fin -sí lo hizo a primeras horas de la mañana-. Después de una semana de vaivenes lo normal era que el público descendiera considerablemente en el penúltimo día para abordar el cierre con mayor fortaleza. El pronóstico fue a la inversa. Era el día de ese “no estoy seguro de ir” que la mayoría de los hispalenses -feriantes, por supuesto, todos ellos- concluyen la duda confirmando su asistencia. Hablamos de un contexto en el que las palabras pereza, cansancio y desgana significan todo lo contrario en el lenguaje sevillano. El que más duda, asiste seguro. De hecho, el panorama así lo reflejó.

El número de jinetes descendió ayer en la Feria

El Real se mostró activo y atractivo para el público, a pesar de lo nublada que amaneció la jornada. Sí es cierto que las casetas notaron algunas ausencias a la hora del almuerzo. No ocurrió lo mismo en horas posteriores. La gente llega, comienzan las invitaciones de caseta en caseta, un plato de jamón por aquí, otro de queso por allá… “¡Niño! Sírveme dos jarritas más. Bien fresquitas que mañana… ¡ya no vengo!” La respuesta de muchos camareros es evidente: “Yaya. Eso mismo me dijiste ayer”. Las cosas de la feria y los sevillanos… y de los que no lo son. Ayer fue el comienzo del fin de semana y, por mucho que fuera el segundo de este formato feriante, las personas que vienen de fuera tampoco quisieron faltar a la cita. Ello provocó que durante la tarde el público aumentase.


La falta de respeto manifestada en un nazareno en coche de caballo

Y más vale que algunos ni hubieran ido. Si usted va para restar, por favor, quédese en casa. Con más razón si la pretensión es faltar al respeto a aquellos que no utilizan una túnica cristiana para mofas. Un individuo -por llamarlo de alguna manera- fue vestido de nazareno con la clara y penosa intención de llamar la atención y generar diversión. Será que no hay formas de pasarlo bien en la Feria. Sea cual sea el motivo, el único bochorno fue el que demostró como persona. Esperemos que su “estación de penitencia”, para el bien de su propia dignidad, no fuera demasiado larga.

Ridículos a parte, mejor centrarnos en lo relevante. Llegaron las ocho y media al real y los jinetes y coches de caballos -menores en cantidad- comenzaron a enfilar -la mayoría- la entrada trasera para poner fin a su deambular por el albero. Pronto la noche tomó las calles y en el ambiente de las casetas no perdió fuerza. Más bien todo lo contrario. La juventud se hizo dueña del festejo. Si en Manolo Vázquez el grupo Zaguán alborotó a toda una caseta, con la imponente voz de un Julián Benítez que atrajo a un gran grupo de lasalianos presentes al pie del cañón, en otras calles imperó el reggaetón. Juan Belmonte 189, Ignacio Sánchez Mejías 40 y Chicuelo 7 fueron escenarios en los que el ritmo caribeño se apoderó hasta mitad de la madrugada. Parecía que la gente no quería que la jornada acabara. No obstante, eso es algo que no se puede evitar, pero sí aprovechar. En la caseta del Labradores, Siempre Así cerró una actuación “A su manera”, como pocos grupos saben hacer, con ritmo trianero y un ligero aroma a romero que dejó en el ambiente huellas de lo que pronto se convertirá en un camino rociero.

Hoy el panorama -lluvias y vientos durante la jornada- hace indicar que la afluencia brillará por su ausencia. De hecho, el clima de esta madrugada era de despedida para muchos que guardarán reposo para poder esta noche presenciar los fuegos, la guinda del pastel. Horas escasas son, por tanto, las que quedan para echar el cierre a una semana que, quizás, se antoje un poco larga. Qué curioso que exista una sevillana que pronuncie “vivir la Feria los siete días”. Puede que el octavo sobre.