Soraya Arnelas, de OT, se deshace en lágrimas por “el dolor de un árbol” de su jardín y se ahoga en el ridículo obsceno de su causa.

Es la típica actitud hipersensible de los ofendiditos, la misma que exige la retirada de cuadros de los museos porque aparece una mujer desnuda o un esclavo sirviendo vino; idéntica a la de quienes obligan a prohibir o a censurar libros de Mark Twain porque aparece la palabra “nigger” o la de quienes hacen lo propio con Cervantes porque en el Quijote se menciona con cierto desdén a los infieles mahometanos enemigos que combatían contra la Cristiandad en el Mediterráneo…

 

 

No hay diferencia alguna entre la agresiva idiotez de las chicas de “les gallines” que donde ven un huevo creen ver una violación y la llantina desmoronada de esta Soraya Arnelas, ex cantante de un concursito televisivo hacia la fama llamado OT, porque la nieve ha quebrado las ramas de algunos árboles de su jardín y ella llora no por el posible destrozo de su jardín y el trabajo o el coste que le supondrá rehacerlos, sino por… el sufrimiento de sus arbolitos, a los que ella imagina sangrando y llorando de dolor.

Es el “pensamiento Disney” (y es mucho regalarle la condición de pensamiento), la revolución sentimental, la ocurrencia líquida irracional y previa a todo fanatismo…, o sea, el prólogo necesario e imprescindible al dogmatismo totalitario.

Tanta idiotez en vena, tanta trasposición emocional, tanto mirarse el ombligo de la sensibilidad propia termina ahogada en la sucia niebla de sus lágrimas idiotizadas, en el nublado sentimiento que lo enturbia todo.

Miles de personas condicionadas por la climatología adversa, millones de desgracias cotidianas esparcidas por el mundo y ella llora por el dolor que debe estar sintiendo el árbol de su jardín. No sería de extrañar que prefiriese la muerte de cientos de personas anónimas en cualquier parte antes que cortarle una hoja a su puñetera planta, que ahora, sin pretenderlo, se convierte en un árbol despreciable, un tronco lleno de brujas maliciosas, un árbol de la no ciencia, un árbol del demonio.

Quizá jamás el ser humano pudo soñar que llegaríamos a esta pesadilla infame o tal vez el problema es que antes estas memeces no tenían posibilidad de transmitirse de esta manera procaz y obscena a tanta gente. Sea como fuere, resulta insultante este abuso de la emocionalidad falsaria, engrandecida por su exhibición pública.

Sólo cabe tomárselos a risa, si no fuera por el peligro de fondo que conlleva esparcir de manera tan impúdica esa miserable frivolización del mal y de los verdaderos sentimientos. Al fin, ante el ridículo y la vergüenza, Soraya Arnelas decidió retirar su lagrimeo absurdo de las redes sociales.




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