Nicolás Maduro vuelve a liarla el pasado lunes en su cumpleaños y supera ya a Buster Keaton, a Fofó y al Chavo del Ocho en carcajadas

Mientras la Ley Celáa pretende echar el cierre y asfixiar a los colegios de Educación especial, en Venezuela tendrían que abrir uno bien dotado de logopedas y profesores avezados en los síndromes más difíciles de la discapacidad psíquica en el Palacio de Miraflores de Caracas, cuyo ocupante presenta síntomas evidentes de insuficiencias graves que se le revelan de continuo en casi cada una de sus apariciones públicas, sean sobre una tarima al aire libre o en una alocución televisada.

 

 

 

Nicolás Maduro Moros, de ocupación heredada tirano circunstancial y de profesión chófer de autobuses metropolitanos venido a menos, volvió a liarla en su 58 cumpleaños el pasado lunes, 23 de noviembre, cuando emuló de nuevo al Chavo del Ocho y al Chapulín Colorao, como en una fiesta de nenes de 4 años rodeado de sus aduladores de turno, e intentó apagar la vela que lucía sobre la tarta… con la mascarilla puesta.

Como buen ejemplar de rucio o acémila, Nicolás Maduro es contumaz y persistente en sus errores y acostumbra a no retraerse y no darse cuenta de sus ridículas actuaciones y aseveraciones, que se diría que pretenden imitar a las de los cómicos más célebres, de Buster Keaton a Fofó y de Groucho Marx a los Hermanos Tonetti, inspiradores todos ellos, junto a Monedero y Pablo Iglesias, de sus desternillantes gansadas televisivas.

Tip y Coll lograban carcajadas con el famoso número de cómo llenar un vaso de agua con una jarra con traducción simultánea en franchute, pero Maduro “el inverosímil” lo supera todo, incluido el numerito de las empanadillas de Móstoles de Martes y Trece.

Esta vez es su insistencia en querer apagar una vela con la mascarilla puesta y no percibe que el soplido de sus pulmones le rebota en su propia cara.




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *