Las autoridades cubanas esperan con ansia al ministro Garzón para que les repita eso de que “el azúcar mata”. El castrismo demostró ese aserto de modo inapelable

Los recolectores de zascas a Podemos están que no dan abasto tras el golpe de Estado en las Cortes españolas. No hay día que no les toque llenar sacos y sacos con la cosecha millonaria que acumulan en las redes cada vez que abre el pico uno de sus lumbreras.

Echenique e Irene Montero suman cantidades astronómicas que si los consiguieran vender al peso alcanzarían cifras de dinero colosales, como para comprarse siete chalés repartidos por España y cambiar el carricoche por una motonave Tesla con tecnología dron.

El zasca de Teresa Rodríguez, la líder de Adelante Andalucía, a la protegida del jefe y ministra de Igualdad, anda rebotando aún por las cordilleras y montañas españolas desde los Pirineos hasta el Mulhacén y los Picos de Europa y esta misma tarde alguien asegura que lo vio pasar a toda prisa por encima de la sierra del Guadarrama.

No se queda atrás el macho alfa Iglesias, cuyas memeces del más rancio marxismo achaparrado y primitivo alimenta la olla de fabricación de zascas prodigiosos capaces de alimentar a familias enteras dada su sustancia y enjundia proteínica.

También Alberto Garzón lleva el capacho a rebosar después de completar trescientos trailers de 16 ruedas cada uno que recorren desde Irún a Gibraltar en trayecto constante de ida y vuelta tras su infumable campaña publicitaria (no tiene nada mejor que hacer) en la que aparece un sobrecito fino de azúcar comparado con un cigarrillo y el lema “El azúcar mata”.

Un directivo de Acor, la principal empresa recolectora de remolacha, le dedicó una colección de zascas que los atravesaron de medio a medio bajo el sencillo guión de: “Lo que no es bueno para los hipertensos; ni para los diabéticos; ni para los hombres; ni para las mujeres; ni para los jóvenes; ni para las personas mayores; ni para las personas que viven en el campo o las que viven en la ciudad es el comunismo”.

Lo que mata, pues, no es el azúcar, podría haber añadido, sino la zafra obligatoria que el Ché Guevara le impuso a los cubanos desde niños, como una explotación esclavista, bajo el cínico nombre de “trabajo voluntario”.

Por lo demás, lo que mata no es el azúcar, sino los cargamentos de armas que el régimen cubano pagaba a precio de saldo a los soviéticos con unos cuantos cientos de miles de toneladas de azúcar de la isla, único modo de supervivencia bajo la tiranía castrista.

En definitiva, puede que al tal Garzón lo estén esperando las autoridades de la isla en una próxima visita para que les repita por la TV su bonito mensaje de que “El azúcar mata” y así todos los esclavos sometidos por el comunismo terminen de entender cuál fue la verdadera causa de sus vidas miserables, su opresión y su pobreza gracias al castrismo.

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