La ciudad del buen gusto se rinde. Y cuando usted ya creía haberlo visto todo…

Y cuando usted ya creía haberlo visto todo a lo largo de su vida en estos tiempos extremos de debacle, transformismo y disparate, aparece… esto.

Si las dislocadas celebraciones de despedidas de soltera habían llegado a inundar las calles de “la ciudad de la gracia” de mamarrachadas insomnes y odas al mal gusto, sólo cabía esperar la consecuencia lógica de todo ello.

En el entorno mágico de la ciudad presumida y orgullosa de la proporcionalidad y de la justa medida de sus formas y sus cánones, explota de repente como una epidemia… esto.

Una fiebre, un golpe de calor, un colapso, y se diría que han vuelto los actores de “Juego de tronos” para grabar en nuestras calles una alucinación o que Pepe da Rosa y los Morancos están rodando el capítulo segundo de “Se acabó el petróleo” con una corte de kuwaitíes de pega que arrasa con la Sevilla de Ocnos, de Romero Murube, de los Machado, de Murillo y Velázquez, de Martinez Montañés y de Torrigiano, de Anibal González y Juan Talavera, de Joselito y Curro Romero… Ya todo acabó.

Ni la imaginación desbocada de Belén Esteban en noche de cabalgata del orgullo Disney habría alcanzado a tanto dislate. Cenicienta convertida en calabaza “in ictu oculi”…

Una Sevilla de Terelus y Makokes, de granhermanos e islasdefamosos rodea las murallas y asedia las puertas de la perla de Occidente para su rendición. Ha llegado la peste. Oremos.

 

 

 

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