Dios confinado

Apenas una calle  -la de Conde de Barajas-  vale para correr y trazar el largo camino de más de cincuenta días sin verlo Sevilla. Es un anhelo contado desde una esquina hasta su templo en San Lorenzo, cerrado a cal y canto. Hasta Dios está confinado y tiene prohibidos los besos. Pero alguien ha sabido acariciar su puerta con tanta fe que si hubiera sido su talón, con la total seguridad de que aunque no pueda entrar en su casa, una palabra del Gran Poder bastará para sanarle.

 

 

Portada: Beatriz Galiano

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