Caer en manos de las enfermeras de Flora

A propósito de Flora, la ‘espontánea’ enfermera de Podemos, que tiene el don de la ubicuidad televisiva para recorrer mañana tarde y noche los platós de la propaganda y ni un minuto más para atender a enfermos, Alfonso García, desde Lucena (Córdoba) acomete en una carta viral contra las impúdicas, tendenciosas y demagógicas reflexiones de la susodicha. Y es que, según la burda manera de reflexionar de la enfermera podemita, si ella hubiese vivido en Cuba con 4 dólares al mes o hubiese visitado una ciudad rusa en tiempos de la URSS, es muy posible que a día de hoy Flora estaría cantando el “Cara al sol” desde muy temprano cada día… Y así dice en la carta viral de Alfonso García:

“Dicen las ubicuas enfermeras Flora que si vieras a un infectado de Covid agonizar y morir en la UCI, abandonarías tu escepticismo frente a las medidas de restricción de tus libertades de todo tipo y pasarías a reclamar más cadenas, más mascarillas, más encierros, más profilaxis, más bloqueo de las relaciones interpersonales, más de todo.

Puede también que, si visitas el hospital de tetrapléjicos de Toledo y observas a las víctimas de accidente de circulación, te niegues a subir a un vehículo motorizado en lo que te quede de vida.

Puede que si te obligan a observar el deterioro y agonía de un enfermo de sífilis, tu libido entre definitivamente en crisis y decidas que, mejor, te pones a coleccionar sellos.

Puede que, si te enteras que una racha de viento huracanado ha tumbado un árbol y aplastado a una persona que paseaba por el Retiro, te niegues a pisar un parque nunca más, para no correr el riesgo de morir de esa manera atroz.

Puede que, si te obligan a ver radiografías de pulmones atacados por el cáncer, de fumadores compulsivos, aparte descartar ese hábito para ti mismo, sientas el impulso de coger una katana y decapitar a todos los fumadores con los que te cruces por la calle.

Puede que si te dan varias conferencias semanales sobre colesterol y peligro de infarto por vincular la alimentación al placer y no exclusivamente a hacer lo justo para no morir de hambre, te dediques durante las próximas décadas a la lechuga y a la escarola, con la ilusión de alcanzar la inmortalidad.

Puede que si te enteras de que alguien ha muerto de un navajazo durante un atraco, te dé tal aprensión que decidas excluir de tu hogar y de tu cocina todos los objetos punzantes y potencialmente asesinos.

Puede que si te viene de repente el impulso de estornudar y aprecias síntomas de catarro, recuerdes que has estrechado hace unas horas la mano de un conocido y ahora caes en la cuenta de que parecía tener la nariz congestionada, ¡ese cabrito te lo ha pegado! Tal vez deseas ir a su casa con una lata de gasolina y cerillas y pegarle fuego, pero mejor le denuncias, por irresponsable y por generar alarma social. Seguro que las leyes de la nueva normalidad le aplicarán el justo castigo”




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