Así en la tierra como en el Cielo…

 

“Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el Cielo…”, pero el hombre propone y Dios dispone. Y en el mejor cahiz de la tierra, allá donde los hombres gobiernan las ciudades de los hombres, el resultado es bien distinto de lo que cabe suponer en ese cielo al que apunta la orgullosa belleza que los siglos nos legaron en una obra tal que los tiempos venideros nos tomarían por locos…

En la tierra yerma de los seis millones de parados y de los 120.000 muertos, de los ancianos abandonados a su mala suerte y ahora también a la desgracia de los suicidios asistidos, que sólo 24 horas antes afloraban en el Congreso como un problema aislado, porque no quieren que te quites la vida por tu cuenta sino que el Estado contribuya a a que desaparezcas y dar fe de que te has ahogado en la desesperación, ahí es donde se produce el falso encuentro entre lo grandioso y lo miserable, la fealdad extrema y la belleza sublime, la límpida liviandad del aire que nos sobrevuela repleto de azahar y poesía y la sucia presencia de nuestra prosaica existencia…

El punto medio exacto entre el pecado y la virtud, entre la obra excelsa de los dioses elevándose hacia el cielo y la inmensa capacidad humana de estropearlo todo aquí en las calles; la pureza de lo bello y la indescriptible atrocidad de la dejadez y de la negligencia de los humanos.

Sólo una ciudad como Sevilla es capaz de soportar tanta poesía vana y gratuita, tanto chauvinismo enlatado y tanta melodía ensimismada…, mientras sus gobernantes, sabedores de que esta ingrata ciudad todo lo soporta y lo chorrea con sus entusiasmos efímeros y triunfales, se desvanecen y hacen mutis por el foro…

¡Qué desquicie, cuánta vergüenza!

(Por la foto: Inmaculada Jiménez @inmajimsev )




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