Un consejo de Raphael

Queridos amigos, yo no soy nadie para dar consejos y mucho menos a quienes no me los piden. Pero, con los datos recabados al cabo de los años, les recomiendo que no dejen un solo día de provocar a la vida. ¡Vayan a por sus sueños! Conseguirlos o no es otra cosa, pero si no se cumplen tengan al menos la conciencia tranquila de haberlos perseguido aunque no los alcanzaran. El que no llora, no mama. Alarguen la mano hasta ellos, tengan ese valor al menos.

Comiendo un día con Raphael me atreví a decirle, a un hombre y a un artista de su experiencia:

-La vida se hace todos los días la tonta, pretende que como nos levantemos, volvamos a acostarnos, conformados, tan tranquilos, uno detrás de otro. Pero hay que provocarla, con genio, con osadía, con un desvergonzado descaro, mirándola de frente. Si no hubiera sido por eso, yo no estaría ahora sentado en esta mesa y a solas contigo, a quien tanto admiro.

Raphael me entendió al instante y me contestó con la rotundidad de los expertos en esto tan difícil, pero tan apasionante, que es vivir:

-A la vida hay que decirle todos los días: “¡Oye!, ¿qué pasa con lo mío?”.




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