Un caso verídico

Para dar credibilidad a sus chistes, el genial Paco Gandía inventó aquella advertencia inmejorable de que lo que iba a contar era un caso verídico. Por si cabía duda, lo aclaraba una y otra vez con el niño de los garbanzos o el entierro del tío Serafín: esto es un caso verídico.

Desde entonces, cuando algo que parece mentira lo queremos disfrazar de verdad, decimos que es un caso verídico. Por cierto, que un día habremos de analizar lo que el humor español ha llegado a aportar expresivamente al castellano, como también ocurrió con Chiquito.

Bueno, pues Simón es un caso verídico por más que resulte inconcebible que exista de carne y hueso, por más que nos parezca salido de esa ventriloquía del Gobierno que son las comparecencias de cada mañana, cuando se habla con el estómago toda la apariencia que oculta la verdad. Simón es al Gobierno lo que Monchito a José Luis Moreno o el pato Nikol a Mari Carmen. La voz de su amo. Ahora dice Simón que no se sabe si el exceso de muertos es por la pandemia o se debe a un accidente enorme de tráfico. Increíble. Pero tan fácil de asumir como el chiste de los garbanzos, por supuesto dejando a un lado cosas tan serias como el arte de Curro Romero y desde luego los cerca de treinta mil muertos que no iban en coche.




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