Siempre hay por qué vivir, por qué luchar 

Ha cantado las cosas más sencillas y de la forma más fácil, que es como posiblemente mejor se cante lo grande. No son tan necesarios como creemos los más trascendentales mensajes. A todos nos deja bien escritos la letra  pequeña e íntima de cada día. Nuestra vida no suele navegar por los océanos. Más bien la lleva un cauce de riberas cercanas o discurre por finísimos hilos de agua cuando alargamos las manos hasta la menuda corriente de un arroyo. Y el amor no suele terminar en inmensas desembocaduras, sino que se nos escapa por los propios desagües de nuestra casa.

A Julio Iglesias muchos han querido discutirle lo indiscutible y negarle lo innegable: más de trescientos millones de discos vendidos por todo el mundo y cientos de conciertos ofrecidos en los aforos más desafiantes completamente abarrotados. Españoles, franceses, italianos, ingleses, americanos, chinos, rusos, egipcios o israelíes… Si todos han ido en busca del suave sonido de esa menuda agua que es su canto sin complicaciones (porque al final todo es más sencillo de lo que parece), algo tendrá Julio Iglesias cuando lo bendicen.


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