Sevilla no lleva n

Ni el rosco de Reyes se llama roscón, ni el Nacimiento es Belén, ni los calentitos son churros, ni los bollos de leche se piden como suizos. Que Sevilla no sólo tiene un color especial, sino también un habla, una forma muy suya de dar nombres a las cosas. Sevilla es en sí una manera de lo único.

Me niego a lo de roscón de Reyes. ¿Usted come estos días roscón de Reyes? Pues yo no. Yo como rosco de Reyes. Remedando a mis queridos Martes y Trece, “es lo mismo, pero no es igual”. Y recuerdo aquella tarde en la que en la redacción del ABC de Nicolás Salas (el más sevillano ABC que jamás hubo), tuve una duda sobre un artículo que escribía. Le consulté a mi admirado Manuel Ferrand, Premio Planeta de 1968 y excelente dibujante de La Codorniz que encima sabía un rato de escribir maravillosamente: “Manolo, estoy con un artículo sobre el pianillo, pero me encuentro con que el Diccionario parece llamarle organillo”. Ferrand, bien desvirgado y experto en giros idiomáticos, muy tranquilo y con una de esas dulces voces de arrastre de sílabas como la de Julio Iglesias, me dijo: “Es que, hijo, el Diccionario está hecho en Madrid”.




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *