Que nos viene bien parar

Hay cosas con las que ya no puedo estar de acuerdo. Porque las he llevado tantas veces al laboratorio, han pasado tantas veces por el tubo de ensayo y las he analizado hasta tal punto, que las tengo quemadas en cientos de experimentos. Una de ellas es lo de escuchar a la gente su recomendación, ahora también con la pandemia, de que nos conviene parar. ¿Parar? ¿Es que alguien cree que yo tengo vocación de correcaminos, mic mic? ¿Usted quiere que yo pare? Ingréseme en mi cuenta bancaria una suculenta cantidad de muchos ceros, como seis seguidos, y le aseguro que puedo esperarle en medio del campo, tumbado en una hamaca, y escuchando hasta gallinas y el trino de pájaros diversos, mientras la tarde se deja caer tumbada en uno de esos arreboles árabes que parecieran dormirla con los cuentos de las mil y una noches.

Pero amigo mío, fue la voracidad fiscal, los impuestos y la inmoral Hacienda la que me puso a correr para llegar a esa meta que es siempre un fin de mes. Fue la corrupción de los políticos la que me trae jadeante y rebañando ingresos humildes de los platos míos en los que también quieren mojar.

¿Qué tras la pandemia vamos a saber parar? Tras la pandemia habrá que aprender a correr como atletas de olimpiadas. ¿Parar? Me doy cuenta de que la mayoría de la gente no emplea ni dos segundos en pensar lo que se atreve a decir.

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