Los que miramos la tele

Esta historia acabará en tantas lecturas como personas que la vivimos. Lo que yo siento en particular es que hemos tenido que aprender a vivir en medio de los muertos como si fuésemos corresponsales de guerra. Sabemos despertarnos y desayunar cada día escuchando en televisión los datos espantosos de los nuevos contagiados, las defunciones de cada jornada  por provincias o comunidades y, menos mal, el número de la suerte de cuantos salen del túnel sin aire de este horror.

Entre los privilegiados que lo estamos viviendo todo desde la palabra hogar (los que no necesitamos respiradores), cada cual hace lo que puede,  hasta encontrarle humor a la tragedia de fondo que aguantan nuestras espaldas. Estamos sabiendo hacer muchas cosas a la vez, demasiadas. Las que hagan falta para que nuestras cabezas salgan indemnes un día camino de reencontrarnos todos en una nueva vida que estará llena de supervivientes.

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