Los 1.600 aparcabicis

A este Ayuntamiento le va la grandilocuencia y magnificarlo todo, por pequeño que sea. Está claro que sus ánimos están basados en una Sevilla surgida de sus ficciones, sin suelo real, en el que ya apenas quedan rastros de los pasos de cebra.

En el colmo del disimulo y los rodeos por atajar seriamente el peligro que los peatones corren a diario al verse sorprendidos continuamente por ciclistas que circulan como les da la gana, ahora lanza el Ayuntamiento -que ya muchos llaman pasarela- los fuegos artificiales (que viene de artificio) de la instalación de 1.600 aparcabicis. Se recurre a semejante alegría presupuestaria de 130.000 euros justo cuando el uso de la bicicleta ha caído en cifras notables, pero también al tiempo que graves atropellos de bicicletas a transeúntes (algunos mortales) están haciendo plantearse en otras ciudades tomar medidas urgentes: examen de conducir teórico, matriculación de bicicletas y seguro obligatorio que cubra posibles daños a terceros. Pero por lo visto hasta ahora, eso es mucho planteamiento para el Ayuntamiento de Sevilla y para el delegado de Seguridad, Juan Carlos Cabrera, un edil especialista en echar balones afuera.

Francisco Casares




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