Lo que se debe aquí

Las flores suelen ser la última señal de vida después de la muerte.

En la puerta cerrada de Casa Rafita  -en el mejor barrio de Sevilla que es San Lorenzo y con el mejor vecino que es el Gran Poder-, la gente está dejando a su manera el último adiós a Rafael Miffut. No ha sido el coronavirus, ha sido un cáncer, otra cosa mala que lleva la tira de años buscando su “vacuna”, tan mala y en tantos casos que lo hacen parecer contagioso.

Casa Rafita hace esquina con las calles Marqués de la Mina y Miguel Cid. La tiza ha apuntado en negro la cuenta en años de un hombre joven. La vida es así: a veces se quiere ir pronto, se consume enseguida, se va en rápidos sorbos. Y tiene una inesperada prisa por pagar lo que se debe aquí.

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