Lo que el arte nos dejó

Si el mundo se está volviendo loco, si ya no es capaz de discernir un acontecimiento de otro, si ha perdido de vista la idea de lo que es un contexto, yo estoy dispuesto pese a todo a mantener la cabeza en su sitio.

Si la cruel imagen del policía americano que asfixió con su bota a un ser humano ya va por la consecuencia de derrumbar y decapitar estatuas de Cristóbal Colón o vetar la película “Lo que el viento se llevó”, no necesito ahora exageraciones intemporales para rechazar un acto criminal racista como el que desgraciadamente hemos visto por televisión en todo el mundo. Regresar desde un hecho reciente, por condenable que sea  (y que lo es), a 1939, y querer borrar de la mejor historia del cine una de sus obras maestras, me parece de un revisionismo tan absurdo, oportunista, inculto y tendencioso como los que una corriente de estúpidos se empeña en instaurar por todas partes, también en España, donde las páginas de lo cierto se quieren reescribir con falsedades (la Memoria Histórica, vamos). Nadie va a someterme con su borreguismo al control de mi moral: quieran o no, y aún disfrutando personalmente del famoso film, ellos no tienen en sus manos ni la decisión ni la patente del dolor que como hombre me ha producido que otro haya muerto vilmente a manos  -exactamente por la bota-  de un miserable policía.

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