Lo lejos que están llegando los caracoles

Si como espera mi mujer yo lograra vivir 120 años (que no sé qué es más difícil, si que uno los cumpla o que tú mujer lo desee), entonces cualquiera sabe lo que me queda por ver, pues a esto de vivir desde 1957 en mi caso, le han dado la vuelta de una manera que me recuerda a lo que cantaba Aute en “Aleluya” por los años 60: “Este mundo absurdo que no sabe adónde va”. Si eso ya se cantaba en la década prodigiosa, a lo mejor es porque el mundo ni antes ni ahora ha sabido nunca adónde va.

Leo que van a modernizar los criaderos de caracoles en Sevilla. Será una experiencia nueva que después se lleve a toda España (ya mismo está Juan Espadas metido en otra cosa que salga de aquí como si fuera la vuelta al mundo de Magallanes). Los caracoles de Sevilla se van a convertir en conejillos de indias.

En el largo camino que les espera a los caracoles está involucrada nada menos que hasta la Universidad de Sevilla y una financiación de fondos FEDER. El kilómetro cero parece que partirá del Aljarafe, en Aznalcázar, y estará en Almensilla lo que llaman un centro de interpretación. Lo lejos que a este paso va a llegar un animal tan lento.

Me acuerdo de cuando cogíamos caracoles en los troncos de los árboles, pegados a las ramas o por la cal fresca y recién llovida de la fachada del chalet. ¿Cuánto va a costar una tapa de esos caracoles venidos con tanta importancia de un centro de interpretación?




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