Lo de Casado 

Lo de Casado se llama en mi tierra estar más perdido que el barco del arroz. Y también hay en Sevilla una manera rápida de explicar a quienes como Casado no dan la talla para su cometido: cortito con sifón.

Es un político sin carisma ni arrastre de masas, pero que se empeñó sin embargo en una tarea ardua: relanzar al Partido Popular que dejó hecho trizas Rajoy.  Pero esa es una enorme empresa para líderes de verdad, no de apariencia como Casado, que cree que la personalidad depende de dejarse la barba.  

Como no tiene firmes criterios ni convicciones, vive sin mente entre dos oídos: por un lado escucha a Aznar y por otro a Aguirre. Y todo apunta a que está a punto de cometer otro más de sus grandes errores: no apoyar la moción de censura. 




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