La mujer de rojo

Resulta incomprensible que alguien como la ministra de Sanidad, en el Hospital Virgen del Rocío y por las dramáticas circunstancias de cerca de 200 casos de listeriosis, comparezca así de sonriente y plácida ante los medios de comunicación. Pero la mujer de rojo no es por desgracia ninguna excepción. Esto pasa constantemente en la política con ocasión de hechos que revisten gravedad. Con tantos asesores como hay, ¿a ninguno se le ocurre la recomendación al responsable de turno o al político de que guarden las formas, de que procuren sintonizar gestual y aparentemente con el triste y preocupado estado anímico de los ciudadanos? Los encargados  -con buenos sueldos-  de estas inutilidades bien podrían quedar sustituidos por un elemental  sentido común.




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