La larga guerra de España

La actualidad ha demostrado de Franco que sabía hasta qué punto no se gana entera una guerra. Y que una victoria es muchas veces la siembra de una nueva contienda que, más tarde o más temprano, se origina en la revancha.

Lo que está ocurriendo, esto de españoles volviéndose a enfrentar unos con otros al cabo de tantos años desde la Segunda República, deja la impresión de que el parte del fin de la guerra el 1 de abril de 1939 no fue más que una formalidad oficial, declarada por un hombre conocedor de que la paz no pasaba de ser un disimulo forzoso en manos de su control personal de caudillo. La guerra no había terminado, simplemente se había suspendido durante cerca de cuatro décadas de su régimen y otras tantas de una democracia que ahora intentan destruir.

Lo único que no me cuadra en sus estrategias a largo plazo es aquella ingenuidad con la que llegó a escribir, mientras se moría: “El futuro queda atado y bien atado”. Quizás esté por ver que de ingenuo no tuvo nada.

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