Juan Espadas: la entrevista más inútil, el tedio más agotador 

Juan Espadas no sería ni siquiera el último político al que se me ocurriría entrevistar. No estaría en mis planes ni porque quedara como la última posibilidad de entrevistar a alguien. Me quito el sombrero con quienes están obligados a hacerlo, los encargados mediáticos que por razones meramente salariales han de pasar por ese suplicio para ganarse la vida.

Los políticos, ya de por sí, no tienen interés alguno para míSon, salvo muy honrosas excepciones, una naturaleza estándar que contagia aburrimiento. De una manera bien manifiesta comprobé eso, una vez más y recientemente, en quienes pasaron a sentarse por el tresillo de Bertín Osborne, con dos clamorosos tostones como Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, entre otros. Y de José Bono para qué hablar, Bono es el orfidal de las entrevistas, te caes de sueño de momento.

Juan Espadas no tiene nada verdadero que contar, todo está planeado de palabras como en la cuadrícula de un crucigrama, con todos los significados predeterminados y exactos, pero orientados por la falsa sinonimia socialista que pervierte  -como todo lo que es marxista de origen-  la semántica. 

Espadas está bien para que lo trinquen en “La máquina de la verdad” o en “El polígrafo”; pero fuera del cuadrilátero que lo ponga contra las cuerdas, es insípido, sin una biografía de interés, sin alma que inquiete ni enseñe, sin el imán ni el carisma de esa gente atractiva y con el bagaje vital que tanto me gusta escrutar cuando lo humano se agiganta y resulta admirable. 




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