Inés Arruinada

Lo he dicho unas pocas de veces: que la democracia, por más que a veces esté llena de sorpresas incomprensibles, suele tener la costumbre de ajustar las cuentas a la vuelta de la esquina, que quiere decir en cuanto se presentan unas Elecciones.

Inés Arruinada se encontró el domingo, por Galicia y en el País Vasco, dos cuantiosas facturas de golpe. ¿Qué se debe aquí?, como preguntamos en Sevilla ante la cuenta de tiza en la barra de los bares. Se debían los apoyos al estado de alarma de Sánchez, un ambicioso que a Inés Arruinada le vino a encajar de maravilla con sus propias ambiciones, un ególatra perfectamente ajustado a sus ansias de protagonismo político. Como alguien dijo entonces, Inés Arruinada fue reina por un día y duró en el “candelabro” lo que un clínex en la nariz.

Los decorosos, honrados y patrióticos políticos que se dieron de baja en esa inexistencia llamada Ciudadanos, como son gente noble no se estarán frotando ahora las manos ni riéndose de la niña ingenua que se hunde incluso con quienes se asocia, como el no menos ingenuo y despistado Iturgaiz. También tuvo vista Marín  -el de las torrijas caseras-  cuando dijo que Inés Arruinada, tras el adiós de Rivera, era la única que podía liderar el proyecto de Ciudadanos.


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