Feliz Navidad con exclusiones

El himno de los ángeles no envió sus deseos de paz a todos los hombres, sino sólo a los de buena voluntad. Fue la primera felicitación de Navidad de la Historia. Fue una felicitación con exclusiones. No discriminatoria, sino diferenciadora. Se ve que Dios empezó con amor  -donde aún sigue-, pero también con justicia.

Yo tampoco quiero felicitar a todos los hombres, yo no felicito a todo el mundo. No lo siento, no me sale del corazón, porque creo que aquellos que no tienen buena voluntad no merecen felicidad, sobre todo aquellos que causan la desgracia y la pena de los demás.

No deseo por ejemplo la felicidad de tantos políticos miserables, corruptos, ladrones de guante blanco, ladrones que dictan las leyes que legitimarán sus robos. No deseo la felicidad de aquellos que se suben el sueldo nada más llegar a sus cargos  -como ocurrió en el Ayuntamiento de Sevilla-, sabiendo como saben que en las calles de España duermen ya a la intemperie más de treinta y una mil personas, sin el aliento siquiera de una mula y un buey.

No deseo la felicidad de jueces y fiscales cobardes, soberbios, engreídos, arrogantes, inmunizados ya con el ambiente siniestro y de cloacas de sus salas del horror, donde tantos verdugos salen mejor parados que sus víctimas, donde los criminales consiguen, más que una condena, un corto plazo para ver otra vez la luz de las calles que jamás soleará ya sobre las vidas que arrebataron.

No deseo la felicidad de los abogados de asesinos que son de todo menos presuntos, los despreciables abogados que pretenden no su legítima defensa, sino su ilegítima inocencia.

No deseo la felicidad de quienes ordenan y ejecutan desahucios,  ni la de los banqueros de la usura, ni la dicha de la catequista de primeras comuniones que aún no sabe nada del Evangelio,  ni tampoco la de los tragahostias que despedazan a los demás con la misma lengua que las comulgan, o la de los curas que meten mano a los niños… Espero que no haya felicidad para los hombres y mujeres que se maltratan entre sí. No acabaría de contar gente a la que no deseo la paz ni la felicidad en esta nueva Nochebuena. Ni los ángeles lo hicieron, ni yo tampoco.  Es la detestable gente que por suerte está superada en cantidad por los seres humanos de buena voluntad, los únicos que se merecen, de mi puño y letra al menos,  una Feliz Navidad.




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