Esto

La calle está helada. El frío te confina más que un decreto. El azahar parece abatido por los suelos como si hubiera sentido disparos de acero en su blancura.  Y ha empezado a llover. No recuerdo que una primavera se fuera acercando anunciada como si estuviera por llegar el invierno. No recuerdo. En mi vida he visto una cosa así. Ahora sólo recuerdo a quienes me han dicho siempre que soy muy nervioso. Ya. Lo que yo tuve siempre no fueron nervios, sino intensidad, la conciencia muy clara de que aquí no duramos quinientos años, aquí donde un tango canta que veinte no es nada. Lo que yo tuve fue el regalo de un carácter que sólo se concede a los privilegiados.  Espero que esos tranquilos hayan aprendido ya algo de fugacidad. Lo mismo que también espero, cuando pase esto que llamamos “esto”,  el día luminoso en que volvamos a empezar, cuando los vivos que viven como muertos otra vez me acusen de agitarme con este milagro que es Sevilla. ¡Idiotas!




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