¡Españoles!

La forma de ver a Pedro Sánchez cambia constantemente. Es todo lo camaleónico que necesite su ambición temeraria y desmedida.

Hoy se ha despachado con la siguiente perla: “Quedarse en casa es un ejemplo de patriotismo”. No tiene límites para sus vanidades. ¿Qué sabe de patriotismo quien ha negociado con enemigos de España y de su unidad, enemigos despreciables y de todo pelaje? ¿Qué sabe de patriotismo quien desguaza la Constitución española, quien nos enfrenta a los vivos con los muertos, desde el presente con el pasado, o consiente los ataques al Rey?

Dice no querer la confrontación con nadie en estos momentos. Yo tampoco. Pero que no se ampare en las graves circunstancias que vivimos para hacernos comulgar con piedras de molino. Estamos buscando escudos para defendernos juntos, pero que no crea que la propia pandemia va a ser el suyo para protegerse de las críticas y hallar en este infierno su licencia para el cinismo.

Sus discursos tediosos y reiterativos como si cantara un estribillo insufrible, parecen ya las homilías de un cura tostón. Sólo le falta empezar diciendo “amadísimos hermanos”. Aunque a un dictador encubierto como él, mejor le iría lo de “¡españoles!”.




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