Esa incógnita llamada Marisol

Los Goya han tendido una trampa a Marisol. ¿Caerá en ella? Le conceden el de honor con el agravante de entregárselo precisamente en Málaga, su ciudad natal. Y como poco supongo que eso tambalea en la estrella la idea fija de no aparecer en público, la decisión tomada hace años de permanecer fuera de toda escena mediática. Hubo excepciones, las que nos procuraron sus amigos el pintor Antonio Montiel y Paradita, como Marisol llama cariñosamente al presentador José Manuel Parada. ¿Serán los Goya la ocasión de la siguiente?

Si yo fuera Marisol comparecería con agradecimiento ante la inmensa ovación en pie que provocaría su presencia. Recibir personalmente un premio de tal categoría no implica la vuelta de lleno a un mundo que apartó de su vida. Pero algo obvio impide la certeza absoluta de esa posibilidad: y es que yo no soy Marisol, sólo soy uno más entre miles de fervientes españoles a los que la mítica figura del cine y la canción nos hizo tan felices.




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