El prior del Valle de los Caídos

Es arrojado. Y persistente como una de esas manchas que no salen ni con lejía. Está incrustado como una de las descomunales piedras negras del monumento a los Caídos. Parece temerario al negarse a autorizar que alguien entre en la Basílica para llevarse los restos de Franco. Pero podría interpretarse que desde lo hondo de sus intenciones, tan ocultas como la fosa, está jugando en superficie con mucha habilidad. Reta a la Iglesia Católica y al mismísimo Vaticano a que no se lave las manos con el hombre que la salvó de su extinción, cuando las izquierdas le incendiaban templos, le carbonizaban imágenes, asesinaban curas, violaban y torturaban monjas… Se diría que el prior no va a permitir una exhumación pacífica que deje a la Iglesia libre de hacerse el retrato de una cobarde. Si finalmente Franco sale del Valle, el prior habrá resaltado con su conducta el precedente público y notorio de que por la fuerza de una orden judicial el Estado puede invadir lugares sagrados. Desde este hecho concreto y con partidos revanchistas camuflados por falsas reconciliaciones, quedarán inaugurados los nuevos temores y terrores de la Iglesia.

Juan Carlos Gutiérrez




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