El obispo agua la fiesta

Yo no estaba allí para escucharlo, pues hace muchos años que no voy a misa. Pero por lo que leo aquí o allí, tengo la impresión de que al obispo no le sentó bien levantarse tan temprano (que ya es considerarlo,  por presumir que resulta lúcido si empieza el día más tarde). Cogió el tío el día de la Asunción y se lo llevó bien lejos, lo más lejos que pudo, para celebrarlo: la Asunción de María supone una oposición a «la concepción neopagana que tiende a promover el culto al cuerpo, a sacrificar todo a él, a idolatrar la perfección física y el éxito deportivo». ¡Qué barbaridad lo que supone en estos tiempos la festividad de la Virgen de los Reyes! Va uno buscando a la Señora de Sevilla en su palio, el olor a nardos de la hermosa mañana agosteña, la petición de los tres deseos cuando Ella asoma al primer sol de la temprana hora… y se topa con este arzobispo que encima se llama auxiliar. ¿De qué auxilia este hombre, Dios mío?

«¡Cuántas horas de gimnasio para el cuerpo y qué pocas para alimentar el alma!«. ¿Esto qué tuvo que ver con una festividad religiosa? Asombra cómo se las gastan muchos en su momento de gloria, cómo aprovechan ser escuchados un rato aquellos a los que nadie escuchan nunca. ¿Será alguien capaz de justificar con eso que llaman contexto semejante homilía? Ni los Bejarano hubieran llevado tan lejos el paso de la Patrona, que tomó hasta los derroteros de la ideología de género y la trata de blancas. Si a veces se debatió la ampliación del recorrido de la procesión, el obispo ese auxiliar superó cualquier idea de aumentar el itinerario.




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *