El espectáculo no puede continuar

El mundo de la escena no sabe aún cómo va a levantar el telón. Artistas en general se han encontrado con que a los obstáculos que ya tiene  de por sí  una profesión tan hermosa como difícil les han subido la altura hasta donde no hay músculo que pueda saltarlos. ¿Cómo se podrá hacer ahora lo de ellos  sin teatros ni auditorios, sin que el público pueda ocupar las butacas de una vida que ha prohibido la cercanía de unos con otros, donde no podremos sentarnos como antes codo con codo?

Todos están esperando del Gobierno una entrevista urgente. Todos: actores, actrices, cantantes, músicos, artistas de circo, ingenieros de sonido y luces, mánagers… todos.

Una reconversión transitoria ya pasa por la cabeza de algunos, que proponen conciertos virtuales. No lo veo y me temo que no lo va a ver nadie o casi nadie. Una actuación en vivo y en directo no puede quedar desprovista de su propia naturaleza: en vivo y en directo.

Los artistas se añaden a la cola de tantos y variados casos como la guardan con sus peticiones.  -¿Quién es el último?, habrán preguntado. Y por el bien del país y de la salud espiritual que los artistas nos brindan, esperemos que cuanto antes volvamos a llenar los aforos y a agotar las localidades. Se dijo siempre, pasara lo que pasara, que el espectáculo debe continuar.

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