Cuando se vuelve de amar

 

Puede que la imagen captada por Pilar Fuertes sea indiscreta, pero desde luego es seguro que resulta hermosamente humana. De espaldas, caminando lentamente por la Avenida, Otto Moeckel va acompañado de su hijo Joaquín.

Tras ellos acaban de quedar escritas por la vida las páginas por el amor de una mujer, que diría una canción. A escasos metros de donde ahora ambos inician juntos un nuevo sendero, aún está viva la muerte de la esposa y de la madre.

Otto Moeckel va de regreso cargado con su amarga victoria. Lo ha conseguido entre millones de humanos que no lo consiguen: que la muerte los separe. Lleva en su pecho quizás el único dolor que compensa. Y marcha con su hijo esperando esperanzas, recordando de Dios unas cuantas de promesas sobre un Reino y un Paraíso. Es el consuelo más grande que puede tener cuando se vuelve de amar. Y creer con las rocas azules de sus ojos que aquello que la muerte separa ahora, lo volverá a reunir la Gloria.




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